PARTE 6
La función de medianoche
El teatro viejo se convirtió en una trampa.
Mateo bajó una barra de luces sobre el pasillo central justo cuando tres hombres avanzaban con armas. El metal golpeó a uno en la espalda y lo tiró al suelo. Natalia disparó desde detrás de las butacas y alcanzó la pierna de otro.
Nicolás cayó desde la pasarela sobre un tercero, derribándolo contra el escenario con un golpe brutal.
—¡La chica y el niño vivos! —gritó alguien—. ¡Salerno muerto!
Natalia asomó la cabeza.
—Piden mucho.
Disparó de nuevo.
Un atacante se lanzó sobre ella desde la izquierda. Natalia rodó por el suelo, esquivando el cuchillo. El hombre le agarró el vestido roto y tiró. Ella se soltó dejando parte de la tela en su mano, luego le clavó la navaja en el antebrazo.
Sangre sobre madera vieja.
Nicolás peleaba en el escenario con dos hombres a la vez. Uno le abrió la ceja con un golpe de culata. La sangre le bajó por el ojo. Él ni siquiera retrocedió. Le rompió la rodilla al primero con una patada y empujó al segundo contra un decorado de madera que se partió en dos.
Mateo gritó desde el panel:
—¡Tía!
Natalia miró hacia arriba.
Tomás estaba en el balcón.
Apuntaba al niño.
Natalia disparó, pero Tomás se cubrió. Nicolás levantó su arma, pero desde donde estaba no tenía ángulo.
Tomás sonrió desde la oscuridad.
—Natalia, basta. Si sigues, el niño cae.
Mateo estaba paralizado.
Natalia dejó su arma lentamente en el suelo.
—No lo toques.
Tomás bajó por una escalera lateral, apuntando a Mateo.
—Esa frase está empezando a aburrirme.
Nicolás intentó moverse.
Tomás cambió el arma hacia él.
—Tú tampoco.
Natalia vio el miedo en los ojos de Mateo.
El mismo miedo que vio en Diego cuando su hermano le dijo años atrás:
“Si algo me pasa, protege a mi hijo de nuestra propia sangre.”
Tomás llegó al escenario y tomó a Mateo por el cuello de la camisa.
—El niño viene conmigo.
Natalia levantó las manos.
—Yo firmo. Te doy el puerto. Lo que quieras. Pero suéltalo.
Tomás sonrió.
—Ahora sí pareces novia.
Nicolás habló bajo:
—Tomás.
—No, Salerno. Hoy no.
Tomás empezó a retroceder con Mateo.
Entonces el niño hizo algo que nadie esperaba.
Mordió la mano de Tomás.
Tomás gritó y lo soltó.
Mateo corrió hacia Natalia.
Al mismo tiempo, Nicolás disparó.
La bala alcanzó a Tomás en el hombro.
Natalia tomó su arma del suelo y corrió hacia él, pero Tomás logró escapar detrás del telón con sangre manchándole el traje blanco.
No lo persiguió.
Mateo estaba temblando.
Ella se arrodilló frente al niño.
—Estás bien.
—Lo mordí.
—Hiciste perfecto.
—Papá me dijo que si alguien me agarraba, mordiera como perro callejero.
Nicolás se limpió la sangre de la ceja.
—Tu padre daba buenos consejos.
Mateo miró a Nicolás.
—Tú llegaste tarde.
Nicolás asintió.
—Sí.
—Pero hoy no tanto.
Fue lo más parecido a confianza que podía ofrecer.
Antes de que pudieran salir, encontraron algo en la chaqueta de uno de los hombres de Tomás: una invitación negra.
Consejo del Puerto.
Amanecer.
Entrega de heredero Moreno.
Natalia sintió que la sangre se le helaba.
—Tomás no necesitaba llevarse a Mateo hoy.
Nicolás entendió.
—Solo necesitaba demostrar que podía alcanzarlo.
Mateo apretó la mano de Natalia.
—Qué es el consejo?
Ella miró hacia la puerta.
—El lugar donde los cobardes deciden quién tiene derecho a vivir.
Nicolás cargó su arma.
—Entonces iremos a cambiarles la costumbre.
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