PARTE 5
La enfermera que vendió la ruta
La investigación reveló que Mateo Rivera fue entregado por alguien de su propia casa.
Pero la pieza que unía todo estaba en la clínica de Isabel.
Su enfermera, Julia, desapareció.
Isabel se negó a creer que fuera culpable.
Julia trabajaba con ella desde hacía años. Había cuidado pacientes sin cobrar, escondido medicamentos para madres pobres, defendido a Isabel de hombres borrachos.
Pero la verdad no pide permiso a la lealtad.
Encontraron transferencias a nombre del hermano de Julia.
Deudas de juego.
Amenazas.
Un mensaje:
“Entrega horario de la doctora y ruta del niño. Nadie saldrá herido.”
Isabel cerró los ojos.
—Siempre dicen eso.
Nicolás la miró.
—Sí.
Julia fue encontrada en una estación de autobuses.
Lloraba.
—No sabía que le dispararían —dijo.
Isabel llegó antes de que los hombres de Nicolás la interrogaran.
—Dímelo a mí.
Julia no pudo mirarla.
—Mauro dijo que solo querían asustar a Rivera. Mi hermano debía dinero. Dijeron que si ayudaba, lo perdonarían.
—¿Y cuando me dispararon?
Julia lloró.
—Tuve miedo.
Isabel respiró.
—Yo también tuve miedo cuando operé a un niño que podía traerme una guerra. Lo hice igual.
Julia se quebró.
Entregó mensajes, nombres y ubicación del hombre que disparó.
No quedó limpia.
Pero ayudó.
Nicolás observó a Isabel después.
—Podría haber dejado que mis hombres la rompieran.
—No soy usted.
—Lo sé.
—Y usted tampoco tiene que ser siempre eso.
Él no respondió.
La frase quedó flotando.
Al día siguiente capturaron al tirador.
Confesó que Mauro y un socio Rivera descontento planearon la emboscada juntos.
Querían matar a Mateo, culpar a Santoro, matar a Isabel y luego usar el caos para tomar control de ambas familias.
La guerra no era entre apellidos.
Era entre ambiciosos y todos los demás.
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