PARTE 7
La memoria del padre muerto
La bala de Darío no alcanzó a Elena.
Leonardo la empujó a un lado y recibió el disparo en el hombro.
Cayó contra la pared.
Elena gritó su nombre antes de poder evitarlo.
Darío aprovechó el caos para huir hacia el despacho principal.
Elena quiso perseguirlo, pero Leonardo sangraba demasiado.
—Ve —dijo él.
—Cállate.
—La memoria.
—No me des órdenes mientras sangras en mi suelo.
—Es mi suelo.
—Entonces sangra menos.
Él soltó una risa débil que terminó en dolor.
Elena presionó la herida con una cortina arrancada.
—No te mueras.
Leonardo la miró.
—Eso sonó casi preocupado.
—No lo arruines.
Los hombres de Leonardo retomaron control del ala este. Darío quedó encerrado en el despacho, pero no solo. Beatriz había llegado allí antes.
Elena insertó la memoria en una laptop segura de Leonardo.
Aparecieron videos.
El padre de Leonardo, Augusto Alcázar, grabado meses antes de morir.
Su voz llenó la habitación:
“Si este archivo se abre, significa que mi hermano Darío o mi esposa Beatriz han intentado tocar la sucesión. Leonardo, escucha bien. Elena no es tu debilidad. Es la única persona que no quiere tu apellido por poder.”
Leonardo cerró los ojos.
El video continuó.
“Beatriz quiere controlar la empresa a través de ti. Darío quiere destruirte para tomarla. Si Elena queda embarazada, ambos intentarán apartarla. Protege a tu esposa. Protege a tu hijo si algún día existe. Y no creas pruebas que lleguen demasiado perfectas.”
Elena sintió que las lágrimas le ardían.
Demasiado tarde.
Siempre demasiado tarde.
El archivo mostraba además cuentas ocultas de Darío, transferencias a Miranda, pagos a la clínica y comunicación con Beatriz.
Leonardo miró a su madre a través de las cámaras del despacho.
—Ella sabía que mi padre dejó esto.
Elena respondió:
—Por eso necesitaban que yo desapareciera antes de tener al niño.
Darío salió del despacho con Beatriz como escudo.
—Entrega la memoria —gritó— o tu madre muere.
Leonardo se levantó con dificultad.
Elena lo detuvo.
—No.
Beatriz, con el rostro pálido, miró a su hijo.
Por primera vez, parecía realmente asustada.
—Leonardo…
Él la miró.
—Cuando Elena gritó por ayuda, ¿también te asustaste así?
Beatriz no respondió.
Darío apretó el arma contra su cuello.
—La memoria.
Elena levantó la USB.
—La quiere?
Darío sonrió.
—Sí.
Ella la rompió frente a él.
Darío abrió los ojos.
—¡No!
Leonardo, incluso herido, sonrió apenas.
Elena sacó su teléfono.
—Ya se envió a todos los socios, al consejo y a la fiscalía.
Darío perdió el control y disparó.
Pero Beatriz se movió.
La bala le rozó el cuello y ella cayó al suelo.
Los hombres de Leonardo abatieron a Darío en la pierna.
El viejo cayó gritando.
Elena corrió hacia el refugio.
—Mateo!
La puerta seguía cerrada.
Desde dentro, el niño preguntó:
—¿Cuál es la canción?
Elena cerró los ojos.
Leonardo, sangrando detrás de ella, susurró:
—No la sé.
Mateo no abrió.
Y por primera vez, Leonardo entendió que ser padre no era cuestión de sangre.
Era aprender la canción antes de pedir la puerta.
👉 [Haz clic aquí para leer la siguiente parte] 👈