PARTE 6
La prometida que guardaba otro secreto
Bianca fue encontrada en el ala norte de la mansión.
No huyendo.
Buscando algo.
Valentina la alcanzó en el despacho privado de Alejandro, revolviendo cajones con la mano ensangrentada por los vidrios rotos.
—¿Perdiste el anillo de compromiso? —preguntó Valentina.
Bianca se quedó paralizada.
Luego tomó una pistola del cajón.
Valentina ya la tenía apuntada.
—Hazlo. Dame una razón sencilla.
Alejandro entró detrás.
Mateo estaba con Gabriel, el antiguo guardaespaldas, en una sala segura.
Bianca miró a Alejandro con lágrimas perfectas.
—Ella va a destruirte.
Alejandro respondió:
—Tú ayudaste a enterrarla.
—Porque te amaba.
Valentina rio.
—Ustedes tienen una definición muy criminal del amor.
Bianca apuntó a Valentina.
—Tú lo tenías todo.
—Tenía una tumba lista gracias a ti.
Bianca gritó:
—Yo estaba embarazada!
El silencio cayó.
Alejandro se quedó inmóvil.
Valentina frunció el ceño.
Bianca bajó el arma apenas.
—Sí. Yo también esperaba un hijo tuyo.
Alejandro palideció.
—Eso es imposible.
Bianca sonrió con dolor.
—¿Ves? A ella le crees un hijo escondido con un papel manchado de sangre. A mí me llamas imposible.
Valentina no bajó el arma.
—Continúa.
Bianca se tocó el vientre plano.
—Lo perdí la misma noche que desapareciste. Marcela dijo que no convenía decirlo. Que si Alejandro sabía, se casaría conmigo por culpa, no por decisión.
Alejandro miró a Bianca.
No había amor en su rostro.
Pero sí impacto.
Valentina vio algo en sus ojos.
La mentira tenía otra capa.
—¿Tienes pruebas?
Bianca señaló la caja fuerte.
—Informe médico.
Alejandro abrió la caja.
Dentro había documentos.
Sí.
Bianca estuvo embarazada.
Pero el padre no era Alejandro.
Valentina leyó primero.
Luego miró a Bianca.
—Qué curioso.
Bianca se tensó.
Alejandro tomó el informe.
Padre probable: Mauro Salcedo.
El jefe de seguridad.
Bianca cerró los ojos.
—No…
Valentina sonrió.
—Plot twist equivocado, querida.
Alejandro retrocedió como si la habitación oliera a veneno.
Bianca se derrumbó.
—Marcela me dijo que si decía que era de Mauro, él me mataría. Me dijo que si ayudaba con lo tuyo, Alejandro sería mío y el bebé tendría un apellido.
Valentina sintió asco.
No compasión.
Todavía no.
—¿Y cuando perdiste al bebé?
Bianca lloró.
—Mauro me golpeó.
Alejandro apretó los puños.
Valentina entendió otra pieza.
—Por eso Mauro desapareció. Sabe que tú puedes hablar.
Bianca levantó la mirada.
—Él tiene a Marcela.
Alejandro frunció el ceño.
—¿Qué?
Bianca tragó saliva.
—Mauro no trabaja para ella desde hace meses. Trabaja para Darío Santoro.
Valentina sintió frío.
Darío Santoro.
El rival más antiguo del imperio Salvatore.
El hombre que se benefició de su desaparición.
El hombre que compró acciones cuando Alejandro cayó en desgracia.
Bianca susurró:
—Marcela no fue la cabeza de todo.
Valentina sostuvo la carpeta contra el pecho.
—Entonces quién?
La puerta del despacho se abrió lentamente.
Gabriel apareció con el rostro golpeado.
—Valentina…
Su voz tembló.
—Se llevaron a Mateo.
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