PARTE 12
El niño que abrió la puerta equivocada
Luca no desobedeció porque fuera imprudente.
Desobedeció porque escuchó la voz de la madre Celeste.
Alguien imitó su grito desde el pasillo.
—¡Luca, abre!
El niño sabía que no debía abrir.
Lo sabía.
Pero el amor a veces suena más fuerte que el entrenamiento.
Abrió apenas.
Una mano entró y lo sujetó por el brazo.
Luca mordió.
El hombre gritó, pero no lo soltó.
La madre Celeste golpeó al atacante con un crucifijo de metal. Otro hombre la empujó contra la pared. La anciana cayó, con sangre en la frente.
Luca gritó.
Bianca llegó al pasillo como una sombra negra.
Disparó al primero.
Cortó al segundo.
Golpeó al tercero con la empuñadura hasta abrirle la ceja.
Pero uno logró tomar a Luca.
Lo arrastró hacia la salida de servicio.
Alessandro apareció por el otro lado, pero había demasiados hombres entre él y su hijo.
—¡Luca!
El niño forcejeaba.
—¡Mamá!
Bianca corrió tras ellos.
Afueras de la villa.
Lluvia.
Barro.
Faros encendidos.
El hombre metió a Luca dentro de una camioneta. Bianca alcanzó la puerta antes de que cerrara y se colgó del marco. El vehículo arrancó, arrastrándola varios metros sobre grava.
La piel de su espalda y brazo se abrió.
Bianca apretó los dientes.
No soltó.
Alessandro salió corriendo, disparando contra las ruedas. Una bala golpeó el neumático trasero. La camioneta derrapó, chocó contra un árbol y se detuvo.
Bianca cayó al suelo.
Por un segundo, no pudo moverse.
Escuchó a Luca gritar dentro.
Eso la levantó.
El conductor salió con un arma. Alessandro lo alcanzó primero y lo derribó con un golpe brutal. Bianca abrió la puerta trasera.
Luca estaba allí, vivo, llorando, con sangre en el labio.
—Mamá…
Bianca lo abrazó con tanta fuerza que ambos temblaron.
Alessandro se acercó, cubierto de lluvia y sangre.
Luca extendió una mano hacia él.
No dijo papá.
Todavía no.
Solo dijo:
—No dejaste que me llevaran.
Alessandro se arrodilló junto a ellos.
—Nunca más.
Bianca lo miró.
—No prometas cosas que no puedes controlar.
Él sostuvo su mirada.
—Entonces lo diré bien.
Miró a Luca.
—Mientras respire, pelearé para que vuelvas.
El niño asintió lentamente.
De vuelta en la villa, Rosetti había escapado.
No completamente.
Dejó atrás sangre, hombres muertos y un mensaje grabado en el teléfono de uno de sus mercenarios:
“Si el niño no puede ser tomado, será declarado ilegítimo. La guerra pasará al consejo.”
Bianca cerró el teléfono.
—Quiere mover la pelea a la mesa.
Alessandro miró a Luca dormido en brazos de la madre Celeste.
—Entonces iremos a la mesa.
Bianca levantó la mirada.
—No tú.
Él entendió.
—Nosotros.
Ella no sonrió.
Pero tampoco lo corrigió.
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