PARTE 9
Gael Moretti
Gael Moretti no parecía un hombre que necesitara ensuciarse las manos.
Eso lo hacía más peligroso.
Vestía un traje gris oscuro, guantes negros y una sonrisa educada. Tenía el cabello perfectamente peinado y una cicatriz pequeña en el cuello, casi escondida bajo el cuello de la camisa.
Entró al apartamento de Lucía con cuatro hombres armados.
Elena estaba junto al espejo roto.
Bruno frente a ella.
La caja azul abierta sobre la cama.
Gael miró los documentos.
—Mi hermana siempre fue mala escondiendo cosas.
Elena levantó la pistola.
—Tú en cambio escondes bien la cobardía.
Gael sonrió.
—Cuidado. Me gustan las mujeres con lengua afilada. Suelen gritar mejor después.
Bruno dio un paso.
—Una palabra más y…
Gael disparó.
La bala rozó el hombro de Bruno y se clavó en la pared.
—No vine a negociar con empleados.
Elena sostuvo el arma, aunque la mano le temblaba por el dolor.
—Viniste a recuperar pruebas.
—Vine a ofrecerte un trato.
—Paso.
—Todavía no lo escuchaste.
—Tu cara ya me aburrió.
Gael rio suavemente.
—Marco caerá. Dario caerá. Lucía llorará y dirá lo que tenga que decir. Aurelio está débil. Los Bellini necesitarán un aliado. Dame el anillo negro y yo dejaré que vivas.
Elena miró la pistola de Gael.
—Qué generoso. Me dejas mi propia respiración.
—Respirar es más de lo que tenías anoche.
Ella sonrió.
—Y sin embargo aquí estoy.
El primer disparo vino desde la ventana.
No de Gael.
De un francotirador externo.
La bala atravesó el vidrio y golpeó a uno de los hombres Moretti en la garganta. Cayó al suelo con sangre saliendo entre sus dedos.
Todos se movieron.
Bruno empujó a Elena detrás de la cama. Gael se cubrió tras una columna. Los otros hombres dispararon hacia la ventana sin ver objetivo.
Elena no sabía quién atacaba.
Pero usó el caos.
Tomó la caja azul, la metió bajo el abrigo y rodó hacia la puerta del baño. Un hombre Moretti la alcanzó y le agarró el cabello. Ella gritó de dolor, giró y le clavó un trozo de espejo en la mano.
El hombre la soltó.
Bruno lo remató de un golpe.
Gael disparó hacia ellos.
—La caja, Elena!
—Ven a buscarla!
El apartamento se convirtió en una pelea cerrada. Vidrios, sangre, muebles rotos. Elena recibió un golpe en la costilla que casi la dobló. Respondió con un disparo al muslo del atacante. Bruno peleó con otro hombre hasta estrellarlo contra el armario.
El francotirador volvió a disparar.
Esta vez la bala impactó en la lámpara central. Todo quedó en oscuridad parcial.
Una voz sonó desde el comunicador de Bruno.
—Salgan por la escalera oeste.
Elena lo miró.
—Quién es?
Bruno parecía tan sorprendido como ella.
—No lo sé.
Gael aprovechó la distracción y se lanzó sobre Elena. La empujó contra la pared, presionando su antebrazo contra su garganta.
—Dame el anillo.
Elena apenas podía respirar.
—No lo tengo.
—Mientes.
—Claro.
Le dio un cabezazo.
Gael retrocedió con la nariz sangrando. Elena sacó la navaja y le abrió la mejilla. La sangre manchó el traje gris.
Gael sonrió, ahora sin elegancia.
—Eso te va a costar.
Bruno la arrastró hacia la salida.
Bajaron por la escalera oeste mientras los disparos seguían arriba. En el quinto piso, una puerta se abrió. Un hombre de negro les hizo señas.
Elena apuntó.
—Quién eres?
El hombre levantó las manos.
—Salerno.
Bruno tensó la mandíbula.
—Los Salerno no ayudan gratis.
—Nadie dijo gratis.
Elena lo miró.
—Por qué nos ayudas?
El hombre respondió:
—Porque Gael Moretti también intentó culparnos de matar a Aurelio. Y mi jefe quiere hablar con la mujer que volvió del ataúd.
Elena respiró con dificultad.
—Tu jefe tiene nombre?
El hombre sonrió apenas.
—Nicolás Salerno.
Bruno susurró:
—Esto empeora.
Elena miró hacia arriba, donde Gael seguía buscándolos.
Luego hacia abajo, donde quizá estaba la única salida.
—No —dijo.
Guardó el arma.
—Esto se pone interesante.
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