PARTE 6
El primer libro y la verdad de las madres
El libro de sangre que Celia robó podía destruir a Aurora.
Pero Rafael dijo que había otro.
El primero.
El original.
El que registraba las ventas antiguas, antes de que el Club Aurora se convirtiera en una red elegante de hombres poderosos.
Mauro Greco, antes de escapar, le dejó una frase envenenada a Celia:
—Tu madre también estuvo en el primer libro.
Aquello la llevó al Casino de la Luna, un edificio abandonado donde, veinte años atrás, Aurora celebraba sus primeras subastas.
Rafael conocía la entrada.
Celia lo miró.
—¿Por qué sabes entrar aquí?
Él tardó en responder.
—Mi madre fue vendida en este lugar.
El silencio cambió.
Celia no preguntó más.
Bajaron a la bóveda original detrás de una vieja mesa de ruleta. Allí, en una urna de cristal, estaba el primer libro.
Celia lo abrió con manos tensas.
ISABEL MONTES, posteriormente Rivera.
Entregada como garantía matrimonial a Esteban Rivera.
Condición: obediencia patrimonial.
Observación posterior: eliminada tras intento de independencia.
Celia sintió que las piernas le fallaban.
Su madre también fue vendida.
No solo a Esteban.
Por Esteban.
Rafael abrió otra página.
AMALIA LEONE.
Vendida por deuda familiar.
Destino posterior: desconocido.
Su rostro se volvió de piedra.
Entonces escucharon pasos.
Mauro Greco apareció con una docena de hombres.
—Qué escena tan hermosa —dijo—. Los hijos de dos lotes antiguos encontrándose en la bóveda.
Rafael levantó el arma.
—Un paso más y mueres aquí.
Mauro sonrió.
—Si me matas, nunca sabrás quién compró a tu madre después.
Rafael quedó inmóvil.
Celia sintió el golpe.
Mauro conocía exactamente dónde herir.
Pero antes de que pudiera seguir hablando, un disparo vino desde la escalera.
Uno de los hombres de Mauro cayó.
Una mujer de unos cincuenta años bajó con una escopeta recortada, el cabello oscuro mezclado con gris y una cicatriz en la mejilla.
Rafael dejó de respirar.
—Mamá…
Amalia Leone estaba viva.
—Hola, hijo —dijo ella.
Luego disparó contra otro hombre de Mauro.
La bóveda se volvió una batalla. Celia protegió el primer libro. Rafael peleó como si no supiera si llorar o matar. Amalia se movía como alguien que había sobrevivido demasiado para fallar ahora.
Mauro activó un detonador.
La bóveda empezó a colapsar.
—¡Arriba! —gritó Amalia.
Celia tomó ambos libros.
Rafael tomó a su madre del brazo.
—Vienes conmigo.
Amalia lo miró.
—Esta vez sí.
Salieron justo cuando el viejo casino empezó a hundirse entre polvo y fuego.
Rafael miró a su madre sin saber si abrazarla.
Amalia tomó su rostro entre las manos.
—Llegaste tarde, hijo.
Él cerró los ojos.
—Lo sé.
Ella sonrió con tristeza.
—Pero llegaste.
Celia abrazó los libros contra el pecho.
Las madres vendidas habían vuelto a hablar.
Y sus hijos por fin estaban escuchando.
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