PARTE 7
Cuarta partida: Inés
Inés Luna siempre fue hermosa.
Pero esa noche parecía más joven.
No por belleza.
Por miedo.
Valeria puso frente a ella una carta.
Reina de corazones.
—La hermana.
Inés negó con la cabeza.
—Yo no disparé.
Valeria la observó.
—Lo sé.
Eso sorprendió a todos.
Inés abrió los ojos.
—Lo sabes?
—Sí. Pero sí sabías que algo iba a pasar.
Inés empezó a llorar.
—Papá dijo que solo iban a detener la boda. Que iban a hacer parecer que tú huías. Que yo debía distraerte si te ponías nerviosa.
Valeria no parpadeó.
—Y cuando me dispararon?
Inés se cubrió la boca.
—Yo no sabía que habría una bala.
—Pero te inclinaste junto a mí.
—Porque pensé que ibas a morir.
—Y me dijiste que una de nosotras debía desaparecer.
Inés sollozó.
—Porque papá me dijo que si tú seguías, él entregaría mi deuda a Octavio.
Valeria frunció el ceño.
—Tu deuda?
La pantalla mostró fotos.
Inés en mesas de juego clandestinas.
Inés firmando pagarés.
Inés llorando frente a Octavio.
Octavio sonrió débilmente.
—La pequeña Inés apostaba más de lo que podía pagar.
Valeria miró a su hermana.
—Nunca me lo dijiste.
Inés rio entre lágrimas.
—Tú eras perfecta. Cómo iba a decirte que estaba ahogada?
—Así que me vendiste.
—No! Yo pensé que solo te iban a asustar. Que Mateo cancelaría la boda. Que papá pagaría mi deuda. Yo no sabía…
Valeria golpeó la mesa.
—Todos ustedes no sabían justo lo suficiente para dormir.
Inés bajó la cabeza.
—Cuando te vi caer, quise correr contigo. Pero papá me agarró la mano. Me dijo que si hablaba, Octavio me cortaría la lengua.
Valeria no sintió perdón.
Pero sintió que su odio cambiaba de forma.
Inés no era inocente.
Tampoco era el monstruo principal.
—Entonces dime quién tenía el arma.
Inés tembló.
—No lo vi.
Valeria se inclinó.
—Mientes.
Inés lloró más fuerte.
—Vi el guante.
—Qué guante?
—Negro. Con una costura dorada en el pulgar.
La sala quedó en silencio.
Mauro levantó lentamente su mano.
Llevaba guantes negros.
Pero sin costura.
Adrián tampoco.
El juez Salcedo empezó a sudar.
Valeria lo miró.
Él escondió la mano bajo la mesa.
Demasiado tarde.
Valeria sonrió.
—Quinta partida: el juez que firmó antes del disparo.
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