PARTE 5
La fundadora que no estaba enferma
Mara Varela caminó por el pasillo central con dificultad, pero con la mirada intacta.
No parecía una mujer enferma.
Parecía una reina a la que le habían escondido el trono.
Leonardo se quedó inmóvil.
—Mamá…
Mara lo miró con ternura triste.
—Hijo.
Don Álvaro se levantó furioso.
—Mara, esto no es bueno para tu salud.
Ella rio.
—Álvaro, me robaste la empresa, mi firma y dos años de vida. No me robes también el teatro.
La iglesia guardó silencio.
Sofía bajó el maletín.
Esto superaba incluso lo que había preparado.
Mara subió al altar y dejó su carpeta junto a la de Sofía.
—Cuando la doctora Rivas fue expulsada del equipo legal, intentó contactarme. Tus hombres interceptaron sus correos. Tus médicos dijeron que yo sufría deterioro cognitivo. Pero una enfermera me leía cada documento en secreto.
Sofía recordó los correos que nunca tuvieron respuesta.
—Usted sabía.
—Sabía suficiente. No podía salir. Hasta anoche.
Mara miró a Isabela.
—Gracias a una cosa: la ambición de esta mujer hizo que Álvaro descuidara mis guardias.
Isabela apretó los dientes.
—Yo no tengo nada que ver con su encierro.
Mara sonrió.
—No. Tú solo pensabas aprovecharlo.
Luego miró a Don Álvaro.
—Pero tú sí.
Las pantallas mostraron documentos médicos falsos.
Diagnósticos inventados.
Firmas alteradas.
Poderes notariales.
Transferencias de acciones desde Mara hacia Álvaro.
Leonardo parecía destruido.
—Papá, ¿la encerraste?
Don Álvaro intentó mantener la dignidad.
—Tu madre ya no podía manejar la empresa.
Mara levantó el bastón y lo golpeó contra el altar.
—La empresa la fundé yo cuando tú todavía confundías deuda con inversión.
Sofía casi sonrió.
Mara señaló los documentos.
—Álvaro se alió con Isabela para cerrar la fusión. Isabela planeaba sacarlo después de la boda. Ambos creyeron estar usando al otro.
Sofía miró a Isabela.
—Eso explica la cláusula de muerte.
Mara asintió.
—Y explica por qué el contrato tiene dos versiones. Una de Isabela para matar a Leonardo. Otra de Álvaro para declarar a Isabela incapaz después de la boda y quedarse con Almar.
Isabela giró hacia Don Álvaro.
—¿Qué?
Don Álvaro sonrió sin vergüenza.
—No ibas a ser la única inteligente en la sala.
La boda se convirtió en guerra.
Isabela perdió el control.
—Yo hice todo para entrar a esta familia!
Mara la miró.
—Y esa fue tu falta de imaginación. Creíste que esta familia valía la pena.
Sofía tomó una de las nuevas pruebas.
—Entonces tenemos dos conspiraciones cruzadas.
—Tres —dijo Mara.
Todos la miraron.
Mara señaló a Leonardo.
—La tercera es la que nadie quiere decir: Leonardo firmó documentos que entregaban el voto de Sofía en el consejo después de romper con ella.
Sofía se quedó inmóvil.
Leonardo bajó la mirada.
El golpe llegó desde donde todavía dolía.
—¿Qué? —preguntó Sofía.
Mara no suavizó la voz.
—Tu ex prometido no solo no te defendió. También permitió que usaran tu salida para quitarte acciones de compensación legal.
Sofía miró a Leonardo.
—Dime que es mentira.
Él no respondió.
Y esa fue la respuesta.
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