PARTE 2
Turbulencia
A las 00:03, el avión entró en una zona de turbulencia.
Nada grave.
Pero suficiente para que las luces de cinturón se encendieran y los pasajeros dejaran de fingir tranquilidad.
Daniela aprovechó el movimiento para bajar hacia la zona de carga.
No debería haberlo hecho.
Lo sabía.
Pero también sabía que si esperaba al aterrizaje, la mujer del velo gris desaparecería igual que apareció:
sin nombre.
La puerta de carga estaba bloqueada con código.
Daniela tenía acceso de tripulación.
Marcó su clave.
Denegado.
Eso nunca pasaba.
Probó una segunda vez.
Denegado.
Entonces escuchó un golpe desde dentro.
No de equipaje.
De una persona.
Daniela acercó el oído.
Otro golpe.
Luego una voz muy débil:
—Ayuda…
Se le heló la sangre.
Volvió a la cabina.
Gabriel estaba solo.
El copiloto, Andrés, no estaba en su asiento.
—Hay alguien en la bodega —dijo Daniela.
Gabriel se quedó inmóvil.
—No sabes lo que escuchaste.
—Escuché una voz.
—Turbulencia. Metal. Presión.
—No me hables como si fuera tonta.
Gabriel giró hacia ella.
—Daniela, por favor.
La palabra “por favor” sonó menos como súplica y más como despedida.
Ella bajó la voz.
—¿Qué transportamos?
Él no respondió.
—Gabriel.
Él apretó los controles con los dedos.
—Diamantes.
—Mentira.
—Carga privada.
—Mentira.
—No preguntes.
Daniela sintió que el amor de tres años empezaba a quebrarse en un lugar muy silencioso.
—Hay una mujer sin registrar en primera clase y alguien encerrado en carga. Voy a reportarlo.
Gabriel se levantó.
—No puedes.
—Mírame.
Ella sacó el teléfono satelital de emergencia.
Gabriel la sujetó por la muñeca.
No fuerte al principio.
Pero suficiente.
Daniela miró su mano.
—Suéltame.
Él obedeció.
Demasiado tarde.
En ese momento, Marcos Cárdenas entró a la cabina.
—Tenemos un problema?
Daniela respondió antes que Gabriel:
—Sí. Yo.
Marcos sonrió.
—Eso ya lo sabíamos.
Detrás de Marcos apareció Andrés, el copiloto.
Tenía sangre en la camisa.
Daniela retrocedió.
—¿Qué pasó?
Andrés no la miró.
—No debiste bajar.
Marcos tomó el teléfono satelital y lo apagó.
Gabriel cerró los ojos.
Daniela entendió entonces que no estaba dentro de una emergencia.
Estaba dentro de una operación.
Y ella acababa de convertirse en el único error del plan.
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