PARTE 10
La herencia que no quiso ser corona
Sofía ganó.
No todo.
No de inmediato.
Pero lo suficiente para empezar.
Gustavo y Renata fueron condenados por secuestro, fraude, falsificación, coacción y conspiración. Ernesto Valcárcel fue condenado por asociación ilícita, explotación minera ilegal, intento de fraude sucesorio y participación en el encubrimiento de la muerte de Isabel.
Abril recibió una condena menor por colaborar.
Sofía no la perdonó.
Tampoco la destruyó.
—Vivir con lo que hiciste será más largo que cualquier sentencia —le dijo.
Tomás volvió a estudiar.
Durante meses no podía dormir sin encender la luz. Sofía tampoco.
Ambos aprendieron que la libertad no llega limpia. Llega con pesadillas, abogados y miedo a que la puerta vuelva a cerrarse.
El fideicomiso Alcázar se activó.
Las minas, las acciones, las tierras y los derechos pasaron a Sofía.
Los periódicos la llamaron “la nueva reina minera”.
Ella rechazó ese titular en su primera rueda de prensa.
—No soy reina de nada —dijo—. Heredé una empresa con sangre debajo de las uñas. Lo primero que haré será limpiarla.
Cerró zonas ilegales.
Indemnizó familias.
Abrió archivos.
Entregó nombres de políticos.
Suspendió contratos.
Perdió millones.
Ganó enemigos.
Matteo la visitó en la sede Alcázar una noche, cuando todos se habían ido.
—Tus accionistas te odian —dijo.
Sofía no levantó la vista de los documentos.
—Mis accionistas también habrían aplaudido mi boda si les prometían dividendos.
—Buen punto.
—¿Vino a advertirme?
—Vine a traer rutas bancarias de Valcárcel.
Le entregó una carpeta.
Sofía la tomó.
—¿Sigue intentando pagar su promesa?
—Creo que ya no es solo promesa.
Ella levantó la vista.
El silencio cambió.
No era cómodo.
Era honesto.
—Matteo…
—Sí?
—No quiero deberle mi vida.
Él se acercó apenas.
—No me la debes.
—Todos dicen eso antes de cobrar.
—Yo cobro caro, Sofía. Si quisiera cobrarte, ya habrías notado la factura.
Ella casi sonrió.
—Qué encantador.
—Estoy practicando.
Sofía miró la carpeta.
—Entonces, ¿qué quiere?
Matteo tardó.
—Caminar contigo cuando decidas no hacerlo sola.
Eso sí la dejó sin respuesta.
Porque no sonó a conquista.
Sonó a permiso.
Y Sofía, por primera vez en mucho tiempo, no sintió miedo de tener una opción.
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