PARTE 6
La tregua en la clínica
La reunión entre Nicolás Santoro y Rafael Rivera ocurrió en la clínica de Isabel.
Ella lo exigió.
—Si van a hablar de la vida de un niño que operé, lo harán donde casi lo perdimos.
Nicolás dijo:
—No es lugar seguro.
—Entonces traiga menos orgullo y más seguridad.
Rafael Rivera llegó con dos hombres.
Nicolás con dos.
Isabel puso una regla:
—Nadie toca armas dentro de mi clínica.
Rafael casi se rió.
Nicolás lo miró.
—Ella no está bromeando.
La reunión empezó tensa.
Rafael acusó.
Nicolás respondió.
Los dos intentaron medir quién debía odiar más.
Isabel golpeó la mesa con un expediente.
—Mateo tiene ocho años.
Silencio.
—Ocho. No es bandera. No es excusa. No es heredero de una guerra que ustedes ni siquiera empezaron. Es un niño que preguntó si él había causado todo esto.
Rafael bajó la mirada.
Nicolás también.
—Mauro y su socio usaron el odio de ustedes como camino fácil —continuó Isabel—. Si salen de aquí a matarse, ellos ganan aunque estén presos.
Rafael miró a Nicolás.
—¿Tregua?
Nicolás respondió:
—Por el niño.
—Y por la doctora —dijo Rafael.
Nicolás miró a Isabel.
—Ella no pertenece a ningún acuerdo.
Isabel sostuvo su mirada.
—Exacto.
La tregua se firmó sin ceremonia.
No era paz.
Era una pausa con vigilancia.
Pero para la ciudad fue suficiente.
Esa semana no hubo coches quemados.
No hubo funerales.
No hubo madres llorando en puertas.
Isabel volvió a operar.
Nicolás empezó a enviar donaciones anónimas de medicamentos.
Ella le devolvió la primera.
—No quiero dinero sucio.
Él envió facturas legales la segunda.
—Me está aprendiendo demasiado rápido —dijo ella.
—Soy buen paciente.
—Usted sería un paciente insoportable.
—Probablemente.
Y por primera vez, Isabel rió sin dolor.
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