PARTE 7
El juicio interno de Santoro
Mauro no aceptó perder.
Desde su encierro, intentó mover hombres leales.
Nicolás lo descubrió.
La familia Santoro se reunió en el antiguo comedor.
Mauro fue llevado al centro.
—Vas a matarme? —preguntó.
Nicolás lo miró.
—Antes lo habría hecho.
—¿Y ahora?
—Ahora entiendo que algunos hombres quieren morir para convertirse en leyenda. No voy a regalarte eso.
Mauro frunció el ceño.
Nicolás puso las grabaciones sobre la mesa.
—Vas a ser entregado.
El comedor explotó.
Un Santoro entregado a la ley era impensable.
Mauro rio.
—Te destruiste por una doctora.
Nicolás se acercó.
—No. Me salvaste de convertirme en ti.
Mauro escupió al suelo.
—Eres débil.
La puerta se abrió.
Isabel entró.
No debía estar allí.
Nicolás giró.
—Doctora.
—Vine porque usó mi nombre como excusa demasiadas veces.
Mauro sonrió.
—La heroína.
Isabel lo miró.
—No soy heroína. Soy la mujer a la que mandaste disparar porque salvó a un niño.
Luego miró a todos los Santoro.
—Si una familia necesita que un niño muera para sentirse fuerte, ya está muerta.
Nadie habló.
Nicolás tomó la decisión final.
Mauro fue entregado con pruebas.
La familia Santoro cambió esa noche.
No se volvió limpia.
Pero entendió una regla nueva:
no se tocaban niños.
No se tocaban médicos.
No se fabricaban guerras con sangre inocente.
Isabel salió del comedor antes que todos.
Nicolás la alcanzó.
—No debió entrar.
—Usted no debió nacer en mafia y aquí estamos.
Él casi sonrió.
—Tiene una forma horrible de cuidarse.
—Y usted una forma rara de agradecer.
—Gracias.
Ella se detuvo.
—De nada.
Fue poco.
Pero en una ciudad como aquella, a veces poco era un comienzo enorme.
👉 [Haz clic aquí para leer la siguiente parte] 👈