PARTE 8
El embarazo
El mareo empezó como una molestia pequeña.
Luego vino la fiebre.
Después el cansancio.
Inés pensó que era estrés, trabajo, comidas saltadas, demasiados turnos y demasiada rabia tragada.
Sebastián la obligó a ir al hospital.
—Estoy bien.
—Te desmayaste en un ascensor.
—Fue una pausa estratégica.
—Hospital.
En el hospital, Inés intentó escapar de los análisis.
No pudo.
La doctora volvió con un papel.
—Señorita Salazar, está embarazada.
Inés sintió que el ruido del mundo desaparecía.
—No.
—Sí.
—¿Está segura?
La doctora le mostró el informe.
Inés llevó una mano al vientre.
La noche del club.
Sebastián.
La habitación 202.
Valeria mintiendo.
Su madre enferma.
Su trabajo.
Su vida entera.
Todo cayó sobre ella.
—¿Piensa continuar el embarazo? —preguntó la doctora con cuidado.
Inés no respondió enseguida.
Recordó a su madre contándole que, cuando ella nació, su abuelo quiso abandonarla por ser niña. Su madre luchó por ella. Contra la familia. Contra la vergüenza. Contra la pobreza.
Inés apretó el informe.
—Sí.
—Debe cuidarse. Nada de peleas ni estrés fuerte.
Inés casi rió.
Su vida actual era una pelea con tacones baratos.
Cuando su madre, Teresa Salazar, se enteró, se desmayó del shock.
Después, al despertar, lloró.
—¿Quién es el padre?
Inés bajó la mirada.
—No puedo decirlo.
—¿Te hizo daño?
—No. Fue… una noche equivocada.
Teresa tomó su mano.
—¿Vas a tenerlo?
—Sí.
La madre cerró los ojos.
—Entonces no estarás sola.
Inés lloró por primera vez.
No por miedo.
Por alivio.
Valeria también se enteró.
Y reaccionó como si el bebé fuera una sentencia contra ella.
—No puede nacer —dijo a Maribel—. Si Sebastián descubre que Inés es la mujer de esa noche, yo lo pierdo todo.
Primero intentó convencer a Inés de abortar.
—Serás madre soltera. Te señalarán. No podrás pagar nada.
Inés la miró con tristeza.
—Tú me drogaste aquella noche, ¿verdad?
Valeria se quedó inmóvil.
—No digas tonterías.
—Y tomaste mi collar.
—El collar era mío.
—Pero la noche no.
Valeria sonrió con veneno.
—Si no sabes reclamar lo que te pasa, alguien más lo hace por ti.
Inés sintió ganas de golpearla.
No lo hizo.
—Aléjate de mí.
—No mientras sigas llevando algo que puede destruirme.
Esa misma semana, Valeria y Sofía Del Valle, la supuesta prometida de infancia de Sebastián, prepararon una sopa “de reconciliación”.
Dentro había medicamento para provocar un aborto.
Sebastián interceptó la bandeja en el último segundo.
Se quemó la mano al apartarla.
Inés lo vio entrar al hospital, herido, pálido y furioso.
—No bebiste, ¿verdad?
—No.
—Bien.
—¿Qué tenía?
Sebastián dudó.
Inés lo miró.
—No me trates como idiota.
—Medicamento abortivo.
El mundo volvió a moverse.
Inés llevó las manos al vientre.
Sebastián la observó.
—Inés… ¿estás embarazada?
Ella levantó la mirada.
Y por primera vez, casi dijo la verdad.
—Este bebé es…
La puerta se abrió.
Su madre entró.
Inés cerró la boca.
La verdad volvió a quedarse atrapada.
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