PARTE 9
El hombre que quiso ser padre sin saberlo
Sebastián no durmió esa noche.
No porque el dolor en la mano fuera fuerte.
Sino porque la imagen de Inés protegiéndose el vientre no dejaba de repetirse.
Embarazada.
¿De quién?
Cada vez que pensaba en Mateo, el amigo de infancia, sentía una rabia fea. Pero cada vez que pensaba en la noche del club, en el aroma de hierbas, en la fuerza de una mujer que no se parecía a Valeria, algo dentro de él gritaba que estaba mirando la respuesta equivocada.
Regina, su madre, lo encontró en el despacho.
—Estás actuando como un idiota.
—Gracias.
—No es cumplido.
—Lo noté.
Regina se sentó.
—Esa niña está asustada. Y tú estás celoso de un bebé sin saber siquiera qué ocurrió.
Sebastián cerró los ojos.
—Hay una posibilidad.
—¿De que sea tuyo?
Él no respondió.
Regina sonrió con tristeza.
—A veces los hombres de esta familia tardan demasiado en reconocer lo evidente.
Sebastián ordenó reabrir la investigación del club.
Las cámaras estaban caídas.
El personal había desaparecido.
Pero Bruno encontró una pista: Valeria no podía haber sido la mujer de aquella noche. El informe de seguridad mostraba que, a la hora en que Sebastián estaba en la habitación 202, Valeria estaba discutiendo con un cliente en el pasillo de servicio.
Más aún: alguien había alterado registros.
Y Sofía Del Valle había pagado a un técnico del club para borrar cámaras.
Sebastián sintió furia.
Mientras tanto, Inés decidió renunciar.
No podía seguir protegiendo al padre de su hijo mientras él creía que otra mujer era la de aquella noche. No podía luchar contra Valeria, Sofía, Maribel, los rumores y su propio corazón.
Mateo la acompañó a presentar la renuncia.
Sebastián los vio juntos.
—¿El bebé es suyo? —preguntó, agarrando a Mateo por el cuello.
Mateo no dudó.
—Sí.
Inés abrió los ojos.
—Mateo…
Él la miró.
—Te están destruyendo. Si decir que es mío te da paz, lo diré.
Sebastián sintió que algo se quebraba.
—¿Vas a casarte con ella?
Mateo respondió:
—Si ella quiere.
Inés se interpuso.
—Basta. Sebastián, gracias por todo. Renuncio.
—No acepto.
—No le estoy pidiendo permiso.
—Eres mi guardaespaldas.
—Ya no.
—Inés.
Ella sostuvo su mirada.
—Usted tiene demasiadas mujeres reclamando lugares en su vida. Yo necesito proteger a mi hijo.
La palabra “mi hijo” lo golpeó.
No “nuestro”.
Sebastián la dejó ir.
Pero no porque aceptara.
Porque por primera vez entendió que si intentaba retenerla por fuerza, se convertiría en otro hombre usándola.
Cuando Inés salió, Bruno entró con un frasco pequeño.
—Señor, encontramos esto entre las pertenencias que Valeria intentó destruir.
Era una bolsita de hierbas secas.
Sebastián la abrió.
El aroma lo golpeó.
La habitación 202.
La piel de aquella noche.
Inés.
—Era ella —susurró.
Bruno asintió.
—Todo apunta a eso.
Sebastián levantó la mirada.
—Encuéntrala.
Pero Inés ya no respondía el teléfono.
Valeria la había citado para “pedir perdón”.
Y la trampa ya estaba cerrándose.
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