PARTE 11
La última amenaza de Ramiro
Cuando la noticia se hizo pública, todos buscaron a Camila.
La prensa.
Los accionistas.
Los antiguos compañeros.
Los empleados que antes murmuraban.
Los mismos que la llamaban mantenida ahora la llamaban señora Salvatierra.
Camila detestó ambas cosas.
Ella seguía siendo la misma.
La diferencia era que ahora su apellido podía asustar.
Ramiro Ríos también apareció.
Junto a Mateo, recién desesperado por dinero, secuestró a Lola para exigir cien millones.
—Eres rica ahora —dijo Ramiro por teléfono—. Una hija buena comparte.
Camila fingió obedecer.
—Te daré el dinero.
Leonardo escuchó la llamada y entendió al instante.
—No pedirías veinte millones para un collar si fuera real —dijo después—. Estás en peligro.
Rastreó el teléfono.
Llegó con la policía antes de que Ramiro pudiera escapar.
Ramiro puso un cuchillo cerca de Lola.
—Un paso más y tu hermana muere.
Camila levantó las manos.
—Ramiro, suéltala.
—Me debes todo.
—Te debo cicatrices.
—Te crié.
—Me usaste.
Mateo gritó:
—Solo queríamos dinero.
Leonardo habló con voz helada:
—Extorsión, secuestro, amenaza a una menor. Les espera una vida larga en prisión.
Ramiro fue reducido.
Lola corrió hacia Camila.
—¿Soy tu hermana de verdad?
Camila la abrazó.
—No sé qué dice la sangre. Pero tú eres mi hermana porque yo te elijo.
Leonardo ya había localizado a la posible familia biológica de Lola, pero no la presionó.
—Tendrá opciones —dijo—. No cadenas.
Camila lo miró.
—Tú haces demasiado por mí.
—No.
—Sí.
—Entonces déjame seguir.
—¿Hasta cuándo?
Leonardo sacó una caja pequeña.
Camila se quedó quieta.
—No.
—Todavía no dije nada.
—Vas a pedirme matrimonio.
—Técnicamente ya estamos casados.
—Entonces qué haces?
—Darte lo que faltó.
Abrió la caja.
Un anillo.
Elegante.
Simple.
Perfecto.
—Nos casamos por contrato. Te convertiste en mi esposa antes de saber que yo quería una vida contigo. Ahora quiero pedirlo bien.
Camila respiró con dificultad.
—Leonardo…
—Camila Ríos, Camila Salvatierra, Camila Fuentes si quieres. No importa el apellido. Quiero una boda donde nadie pueda decir que llegaste por necesidad. Quiero que entres porque eliges entrar. Y si algún día dudas, quiero que recuerdes que yo fui quien se arrodilló primero.
Ella sonrió entre lágrimas.
—Eres muy dramático para un CEO.
—Lo aprendí de ti.
—Yo no soy dramática.
—Te esposaste a un desconocido una semana.
—Eso fue accidente.
—Mi mejor accidente.
Camila extendió la mano.
—Sí.
Leonardo le puso el anillo.
Y por primera vez, Camila no sintió que estaba aceptando ayuda.
Sintió que estaba aceptando hogar.
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