PARTE 5
La habitación cerrada
Valeria estuvo encerrada dos días.
No en un sótano.
En una habitación hermosa.
Cama grande.
Baño privado.
Ventana con vista al jardín.
Bandejas de comida que apenas tocó.
Las jaulas bonitas siguen siendo jaulas.
Cristian fue a verla la segunda noche.
Ella estaba sentada en el suelo, espalda contra la cama, mirando sus manos.
—Rafa encontró inconsistencias en el video —dijo él.
Valeria no levantó la vista.
—Felicidades.
—Creo que te incriminaron.
—Qué generoso. Pasamos de ladrona a quizá no ladrona.
Él aceptó el golpe.
—No estoy acostumbrado a confiar.
—Yo tampoco. Pero una de las dos personas encerró a la otra.
Cristian cerró la mandíbula.
—Tu hermano puede estar vivo. Estamos cerca.
Valeria levantó la cabeza de golpe.
—¿Lo buscó?
—Sí.
—¿Por qué no me lo dijo?
—Porque no quería darte esperanza falsa.
—No decida qué esperanza puedo soportar.
La frase lo alcanzó.
Cristian se acercó, pero se detuvo antes de tocarla.
—Tienes razón.
Valeria no esperaba eso.
—¿Qué?
—Que no debí decidir por ti.
Silencio.
—Tampoco debí llamarte espía sin tener todas las pruebas.
—Pero lo hizo.
—Sí.
—Y dolió.
Cristian la miró.
No como jefe.
Como hombre.
—Lo sé.
Valeria quiso odiarlo más.
Pero el problema con Cristian Ferrante era que, cuando dejaba caer la máscara, se volvía peligrosamente humano.
—Hay algo en la mano del retrato —dijo ella al fin—. La palabra no era MAR. Era el inicio de una frase. Creo que su madre señalaba el marco, no a Marcelo directamente.
—¿El marco?
—Los bastidores antiguos podían esconder compartimentos. Si alguien robó el cuadro, quizá fue por lo que hay dentro del marco, no detrás del lienzo.
Cristian llamó a Rafa.
—Encuentra talleres capaces de abrir marcos antiguos sin dañarlos.
Valeria se levantó.
—Voy con ustedes.
—No.
Ella lo miró.
—Cristian.
Era la primera vez que usaba su nombre sin ironía.
Él se quedó quieto.
—Si se trata de mi trabajo y de mi hermano, voy.
Cristian respiró.
—Te pondré seguridad.
—No me ponga seguridad como correa.
—Como escudo.
—Yo decido cuándo necesito escudo.
Él asintió despacio.
—Bien.
Valeria entendió que aquello era nuevo para él.
Ceder.
Y para ella también era nuevo.
Dejar que alguien poderoso se acercara sin entregarle todo el control.
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