PARTE 6
La galería San Telmo
El retrato apareció en la Galería San Telmo, registrado bajo un nombre falso para una subasta privada.
No iba a venderse al público.
Iba a cambiar de manos entre clanes.
Cristian decidió asistir como comprador.
Valeria, como restauradora.
Serena, inesperadamente, también recibió invitación.
Eso confirmó que la trampa seguía viva.
La noche de la subasta, Valeria llevó un vestido negro sencillo que Cristian mandó a su habitación.
No era ostentoso.
Era elegante, sobrio, perfecto.
Eso la irritó.
—¿Ahora también decide mi ropa?
Cristian la miró desde la puerta.
—No. La ofrezco.
—¿Y si digo no?
—Te traeré diez más y podrás odiarlos todos.
Valeria casi sonrió.
Casi.
En la galería, todos miraron a Cristian.
Luego a ella.
Los murmullos empezaron.
—La restauradora acusada.
—La amante del Ferrante.
—La mujer del retrato.
—La ladrona que volvió al lugar del crimen.
Valeria caminó con la cabeza alta.
Cristian se inclinó hacia ella.
—Puedo hacer que dejen de hablar.
—No. Déjelos cansarse.
—No se cansan.
—Entonces que aprendan a hablar de pie. Yo no pienso caer.
Él la miró con algo parecido a admiración.
El retrato estaba en el centro de la sala.
Habían cubierto el rostro de Alessia con una luz dorada, como si quisieran vender una santa que todos habían condenado.
Valeria se acercó.
El marco había sido alterado.
Alguien abrió un lateral.
El compartimento estaba vacío.
—Llegamos tarde —susurró.
Serena apareció detrás.
—Qué tragedia. Otra vez cerca de un cuadro perdido.
Valeria no giró.
—¿Qué sacaron del marco?
—No sé de qué hablas.
—Sí sabe. Y camina demasiado parecida a mí cuando quiere robar.
Serena sonrió.
—Cuidado, Valeria. A Cristian le aburren las mujeres problemáticas.
Cristian respondió desde atrás:
—Entonces deberías haberme aburrido hace años.
Serena se quedó helada.
Antes de que pudiera contestar, las luces se apagaron.
Gritos.
Un disparo al aire.
El retrato cayó.
Cristian cubrió a Valeria con su cuerpo.
Ella sintió su mano en su espalda.
Firme.
Cálida.
Demasiado real.
Cuando la luz volvió, Serena había desaparecido.
Y en el suelo, debajo del retrato caído, Valeria vio una astilla del marco.
Dentro había una segunda cavidad.
No vacía.
Metió los dedos.
Sacó una cinta antigua de audio y una carta doblada.
En el papel, una frase:
Cristian, si odias mi nombre, estarás vivo. Si algún día encuentras esto, mira a Marcelo.
Valeria se la entregó.
Cristian leyó.
Y por primera vez, ella vio al jefe Ferrante perder color.