PARTE 4
El muerto que seguía respirando
Adrián intentó negar.
—Ese video está editado.
Camila asintió.
—Esperaba esa frase.
La pantalla cambió.
Informe forense digital.
Peritaje de tres laboratorios.
Metadatos originales.
Fecha, hora, ubicación.
Después apareció otro video.
Una habitación de hospital.
Un hombre en una cama.
Muy delgado.
Con el rostro marcado por quemaduras antiguas.
Pero vivo.
Ernesto Torres abrió los ojos ante la cámara.
Los invitados se levantaron.
Algunos gritaron.
Rebeca se llevó las manos a la boca.
Clara Salcedo retrocedió hasta chocar con una silla.
Camila miró la pantalla.
Por primera vez, su rostro tembló.
—Papá —susurró.
En el video, Ernesto habló con dificultad:
—Mi hija no me encerró. Mi hija intentó salvarme. Rebeca me drogó. Adrián robó los documentos de la caja fuerte. Clara ordenó quemar el archivo. El abogado Luján preparó el testamento falso.
La cámara se acercó a su mano.
Ernesto sostenía una copia del testamento real.
—Camila Torres es mi única heredera legítima.
El salón explotó.
Rebeca gritó:
—¡Él no está bien! ¡Está confundido!
Camila la miró.
—Qué curioso. Cuando creían que estaba muerto, su palabra servía para repartirse su fortuna. Ahora que habla, está confundido.
Adrián se pasó una mano por el rostro.
—Camila, yo no sabía que seguía vivo.
Ella se acercó.
—Pero sí sabías que estaba encerrado.
—Fue Rebeca.
Rebeca giró hacia él.
—¡Cobarde!
El amor entre culpables suele durar hasta que aparece la primera prueba.
Clara intervino:
—Lo hicimos porque tu padre iba a destruir a todos. Iba a sacar a Adrián de la empresa. Iba a dejar a Rebeca sin nada.
Camila la miró con una calma terrible.
—Entonces decidieron dejarme a mí sin vida.
—No ibas a morir.
—Me dieron veinte años de prisión.
—Pero saliste.
Camila soltó una risa seca.
—Gracias por tu generosidad.
El abogado familiar, Luján, intentó escabullirse.
Las puertas estaban cerradas.
Seguridad lo detuvo.
Camila bajó del altar.
—Hay una razón por la que elegí esta boda.
Miró a todos.
—Porque aquí están todos los que declararon contra mí, todos los que compraron mis acciones, todos los que brindaron por la caída de la asesina Camila Torres.
Pausa.
—Hoy van a devolver cada centavo.
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