PARTE 2: EL SACRIFICIO Y EL PERDÓN
Stella recibió el golpe destinado a Lucas.
Él la llevó al hospital, donde los médicos lucharon por su vida.
Mientras tanto, Robert y Kloe fueron arrestados, y Howard confesó toda la verdad.

Lucas no soltó la mano de Stella en toda la ambulancia.
“No te mueras. ¿Me oyes? No te mueras.”
Los médicos la llevaron a quirófano.
Lucas esperó.
Horas.
Mia estaba con sus abuelos.
“¿Mamá va a estar bien?”
Richard Vance la abrazó.
“Tu madre es fuerte. Salió de la cárcel. Saldrá de esto.”
Eleanor Vance rezaba en voz baja.
“Por favor, que se recupere. Por favor.”
Arthur llegó con noticias.
“Atrapamos a Howard y a Kloe. Robert también está detenido.”
Lucas ni siquiera lo miró.
“No me importa. Solo quiero que Stella despierte.”
El doctor salió.
“Conseguimos salvarle la vida, pero sigue inconsciente.”
“¿Cuándo despertará?”
“Podría ser dentro de un día. O dentro de un año. O nunca.”
Lucas se desplomó.
Mia lo abrazó.
“Papá, mamá no se va a morir. Mamá me prometió que me vería crecer.”
Lucas la apretó contra su pecho.
“Tu madre es la persona más valiente que conozco.”
Días después, Stella seguía sin despertar.
Lucas no se movía de su lado.
Le leía.
Le hablaba.
Le contaba cómo se conocieron.
“Estabas en la universidad, ayudando a estudiantes pobres. Yo era uno de ellos.”
“No lo sabías. Nunca lo supe. Pero ese día que me diste una beca, supe que quería pasar el resto de mi vida contigo.”
“Me escondí. No te dije quién era. Pensé que querías a Lucas, el estudiante pobre, no al heredero de Vance Group.”
“Por eso no me buscaste. Por eso pensaste que era débil. Por eso huiste para protegerme.”
“Soy un idiota, Stella. Un idiota.”
Mia entró.
“Papá, he traído un dibujo.”
“Es mamá, papá y yo. Los tres juntos.”
Lucas colgó el dibujo frente a la cama de Stella.
“Mira, tu hija es una artista. Como tú.”
Arthur se acercó.
“Howard confesó todo.”
“Robert lo amenazó. Le dijo que se apuñalara y culpara a Stella. Si no lo hacía, matarían a toda su familia.”
“Howard aceptó. Pero nunca se recuperó. La pierna le quedó mal.”
Lucas asintió.
“¿Y Robert?”
“Negoció con Quinn Group para vender la tecnología central al extranjero. Los accionistas lo han expulsado. Sterling Group es de Stella. Si despierta.”
“Va a despertar.”
Esa noche, Lucas estaba solo con Stella.
Le sostuvo la mano.
“Recuerdas aquella vez que te hice stir-fried pork? Nunca llegaste a probarlo.”
“Hoy Mia me pidió que lo cocinara. Lo tengo aquí. En la mesita.”
“Despierta y pruébalo. Por favor.”
Un dedo se movió.
Lucas contuvo la respiración.
Stella abrió los ojos.
“Lucas.”
“Estás despierta.”
“Duele.”
“Lo sé. Lo sé. Estás bien. Estás viva.”
Mia entró corriendo.
“¡Mamá!”
Se abrazaron.
Stella lloró.
Mia lloró.
Lucas también lloró.
Por primera vez en años.
Stella se recuperó lentamente.
Lucas no se separó de ella.
Le llevaba flores todos los días.
Le cocinaba.
La llevaba al jardín en silla de ruedas.
“No necesitas hacer todo esto.”
“Lo sé. Pero quiero.”
“Lucas, todavía no te he perdonado.”
“Lo sé. Pero voy a esperar. El tiempo que haga falta.”
Un mes después, Stella volvió a caminar.
Lucas la llevó a la junta de accionistas.
“Señores, les presento a la nueva directora ejecutiva de Sterling Group.”
“Stella Sterling.”
Los accionistas aplaudieron.
Stella los miró.
“Mi padre dedicó su vida a esta empresa. Yo voy a honrar su legado.”
“La tecnología central se quedará aquí. No se venderá al extranjero. No se compartirá con nadie.”
“Y el que robe, que se atenga a las consecuencias.”
Robert, desde la cárcel, no pudo hacer nada.
Kloe lloró.
Howard fue condenado a veinte años.
La noche de la celebración, Lucas llevó a Stella a la azotea de Vance Group.
“¿Recuerdas aquella noche que discutimos?”
“Sí.”
“Dijiste que nunca volverías a verme.”
“Y lo dije en serio.”
“Pero aquí estás.”
Stella lo miró.
“No sé si puedo confiar en ti otra vez.”
Lucas se arrodilló.
“No te pido que confíes en mí de inmediato. Solo te pido una oportunidad.”
“Una oportunidad para demostrarte que puedo ser el hombre que mereces.”
Stella guardó silencio.
Luego, habló.
“Levántate.”
“¿Me das una oportunidad?”
“Te doy una oportunidad. Pero no para que me demuestres nada. Para que me demuestres a ti mismo que puedes ser feliz.”
“Contigo, ya lo soy.”
Pasaron los meses.
Lucas y Stella reconstruyeron su relación.
Lentamente.
Sin prisas.
Mia era feliz.
Iba a la escuela.
Tenía amigos.
Dormía en una habitación enorme con juguetes por todas partes.
“Mamá, ¿por qué no te casas con papá?”
Stella se rió.
“¿Quién te ha dicho eso?”
“Nadie. Pero todos los papás y mamás se casan.”
“No todos, cariño.”
“Pero tú quieres a papá. Y papá te quiere a ti.”
Stella no supo qué responder.
Lucas lo escuchó desde la puerta.
Esa noche, le pidió a Arthur que preparara algo.
“Lo mejor. Lo más caro. Lo que ella merece.”
Arthur asintió.
“¿Va a pedirle matrimonio, jefe?”
“Voy a pedirle que sea mi esposa. De nuevo. Pero esta vez de verdad.”
La cena fue en el restaurante donde se conocieron.
Stella se vistió con su mejor vestido.
Lucas la esperaba.
Con un anillo.
“Stella, sé que no soy perfecto. Sé que cometí errores. Pero te quiero. Desde el primer día que te vi.”
“Quiero pasar el resto de mi vida contigo. Con Mia. Si me dejas.”
Stella miró el anillo.
“Es precioso.”
“¿Aceptas?”
“Acepto. Pero con condiciones.”
“Las que sean.”
“Primera: nunca más me ocultes quién eres.”
“Lo prometo.”
“Segunda: nunca más me dejes ir a la cárcel sola.”
“Nunca.”
“Tercera: cocinas tú todos los días.”
Lucas sonrió.
“Esa es la más fácil.”
Se besaron.
Mia aplaudió desde detrás de una columna.
“¡Sabía que diría que sí!”
La boda fue íntima.
Familia y amigos.
Stella llevaba un vestido blanco sencillo.
Lucas, un traje negro.
Mia llevaba las flores.
“¿Estás lista, mamá?”
“Sí, cariño.”
“¿Y tú, papá?”
“Desde hace diez años.”
Se casaron.
Bailaron.
Lloraron.
Los padres de Lucas abrazaron a Stella.
“Bienvenida a la familia, hija.”
“Gracias. Por todo.”
Arthur brindó.
“Por los años que perdieron. Y por los que van a ganar.”
Todos aplaudieron.
Luna de miel en una isla privada.
Lucas la había comprado años atrás.
“¿Para qué compraste una isla?”
“Para ti. Siempre fue para ti.”
Stella se rió.
“Eres un exagerado.”
“Soy un hombre enamorado.”
Mia jugaba en la playa.
Construía castillos de arena.
“Mamá, papá, ¡vengan!”
Corrieron hacia ella.
Los tres juntos.
Por fin.
Al volver, Lucas cumplió su promesa.
Cocinaba todos los días.
Stella dirigía Sterling Group.
La empresa se recuperó.
Las ganancias aumentaron.
Los empleados la respetaban.
“Señora Sterling, ¿cómo lo hace?”
“Trabajando. Y teniendo a alguien que me espera en casa.”
Una noche, Stella se despertó sobresaltada.
Soñó con la cárcel.
Con las rejas.
Con Mia llorando.
Lucas la abrazó.
“Estás en casa. Estás a salvo.”
“No puedo olvidarlo.”
“No tienes que olvidarlo. Pero tienes que seguir adelante. Y no estás sola.”
Stella apoyó la cabeza en su pecho.
“Gracias.”
“No me des las gracias. No he hecho nada.”
“Lo hiciste todo. Me esperaste. Me encontraste. Me salvaste.”
“Tú te salvaste a ti misma. Yo solo estaba allí.”
Mia creció.
Fue a la universidad.
Estudió diseño.
Como su madre.
Stella lloró el día de su graduación.
“Mamá, ¿por qué lloras?”
“Porque estoy orgullosa.”
Lucas las abrazó a las dos.
“Mis dos mujeres.”
Mia se rió.
“Papá, no eres cursi.”
“Hoy puedo serlo.”
Años después, Stella y Lucas se sentaron en el porche de su casa.
Miraban el atardecer.
“¿Te arrepientes?”
“¿De qué?”
“De haberme conocido.”
Lucas la miró.
“Mi único arrepentimiento es no haberte encontrado antes.”
Stella sonrió.
“Yo también.”
Se dieron la mano.
Mia les envió una foto desde la universidad.
“Os quiero.”
Stella respondió.
“Nosotros también.”
Lucas añadió.
“Vuelve pronto. Tu madre cocina mal.”
Mia se rió.
“Mamá, ¿es verdad?”
Stella le quitó el teléfono a Lucas.
“Es broma. Vuelve cuando quieras.”
La familia Vance, por fin, estaba completa.
No por dinero.
No por poder.
Por amor.
Amor verdadero.
Amor que esperó.
Amor que perdonó.
Amor que venció.
FIN