El Demonio Del Inframundo — Ella Fue La única Que Se Atrevió A Enfrentarlo Y Ahora No La Dejará Ir – PARTE 2

PARTE 2: LA GUERRA POR ELLA

Bruno, el líder rival, secuestró a Camila.
Quiere usarla para destruir a Dante.
Pero Camila no es una víctima indefensa.
Y Dante está dispuesto a quemar la ciudad entera por recuperarla.

Los días pasaron.

Camila y Dante se volvieron inseparables.

Dormían juntos.

Entrenaban juntos.

Comían juntos.

Los hombres de Dante la respetaban.

La llamaban “jefa”.

Camila sonreía.

Nunca imaginó que terminaría en ese lugar.

Nunca imaginó que se enamoraría del hombre que debía temer.

Pero el amor es así.

Llega cuando menos lo esperas.

Y cuando llega, no puedes huir.

Una noche, Dante la llevó a un restaurante.

Era elegante.

Luces tenues.

Manteles blancos.

“¿Qué celebramos?” preguntó Camila.

“Que mañana vamos a acabar con Bruno.”

Camila se quedó en silencio.

“¿Estás listo?”

“Llevo años estándolo. Contigo a mi lado, lo estoy más.”

Tomó su mano.

“Después de esto, quiero que seas mi esposa.”

Camila sintió que el corazón le salía del pecho.

“¿Me estás pidiendo matrimonio?”

“Te estoy avisando.”

Ella sonrió.

“Eres un bruto.”

“Y tú una insolente.”

Se besaron.

La gente los miró.

Nadie sabía quiénes eran.

Pero todos vieron el amor en sus ojos.

A la mañana siguiente, Camila se despertó sola.

Dante no estaba en la cama.

Una nota en la mesita.

“Fui a una reunión. Vuelvo en una hora. No salgas. Dante.”

Camila se levantó.

Se duchó.

Se vistió.

Un vestido negro.

Tacones altos.

Pelo suelto.

Labios rojos.

Se miró en el espejo.

“Hoy es el día,” se dijo a sí misma.

“Hoy termina todo.”

Su teléfono sonó.

Era un número desconocido.

“Camila Vargas.”

“¿Quién habla?”

“Alguien que tiene algo que te pertenece.”

“No tengo nada.”

“Tienes a Dante. Y yo quiero quitártelo.”

Camila reconoció la voz.

Bruno.

“¿Qué quieres?”

“Ven al almacén del puerto. Sola. Sin avisar a Dante. Si no, lo mato.”

“No te creo.”

“Mira tu teléfono.”

Recibió una foto.

Dante atado a una silla.

Sangre en la cara.

Pero vivo.

Camila sintió que el mundo se derrumbaba.

“Voy. Pero si le haces daño, te juro que te mato.”

“Eso espero, bonita.”

Camila salió de la mansión.

Los hombres de Dante le preguntaron a dónde iba.

“A dar un paseo. Vuelvo pronto.”

Mintió.

Sabía que si decía la verdad, no la dejarían ir.

Sabía que Bruno la esperaba.

Sabía que podía morir.

Pero Dante estaba en peligro.

Y ella no iba a abandonarlo.

El almacén del puerto estaba oscuro.

Olía a humedad y a óxido.

Hombres armados por todas partes.

Bruno la esperaba en el centro.

Con una pistola en la mano.

“Camila Vargas. Qué hermosa eres.”

“¿Dónde está Dante?”

“Primero hablemos.”

“No hay nada que hablar. Suéltalo.”

Bruno se rió.

“Eres valiente. Pero tonta.”

Hizo una seña.

Sus hombres rodearon a Camila.

“Vas a morir aquí, bonita.”

“Puede ser. Pero él va a vivir.”

Bruno se acercó.

“¿Tanto lo quieres?”

“Más que a mi vida.”

Bruno negó con la cabeza.

“El amor te ha vuelto débil.”

“El amor me ha vuelto humana.”

Bruno levantó la pistola.

La apuntó a la cabeza.

“Adiós, Camila.”

Dante apareció de la nada.

Los hombres de Bruno cayeron uno tras otro.

Disparos.

Gritos.

Caos.

Dante se abrió paso a golpes.

Puños. Patadas. Balazos.

Nadie podía detenerlo.

Bruno se giró.

“¡Muere, Dante!”

Levantó la pistola.

Camila se lanzó.

Le clavó los tacones en la mano.

Bruno gritó.

El arma cayó al suelo.

Dante lo golpeó.

Una vez.

Dos.

Tres.

Bruno cayó.

“¿Algo que decir antes de morir?” preguntó Dante.

Bruno escupió sangre.

“Ella es el diablo.”

“Lo sé. Por eso la amo.”

Dante disparó.

Bruno dejó de respirar.

Los hombres de Bruno huyeron.

Dante abrazó a Camila.

“Nunca más vuelvas a hacer eso.”

“¿Qué? ¿Salvarte la vida?”

“Sí. Porque si te pasa algo, yo no podría vivir.”

Camila sonrió.

“Entonces no me pasa nada. Estoy aquí.”

“Y yo voy a quedarme aquí. Siempre.”

Se besaron.

Sangre, sudor, pólvora.

Pero juntos.

Días después, Dante organizó una reunión.

Todos los jefes de la mafia estaban allí.

Bruno estaba muerto.

El territorio estaba en paz.

“¿Y ahora qué?” preguntó uno.

“Ahora quiero dejar esto.”

“¿Dejar la mafia?”

“Sí. Tengo algo que perder. Algo que no quiero arriesgar.”

“¿Esa mujer?”

“Sí. Esa mujer.”

Los jefes murmuraron.

“No puedes. Eres el líder.”

“Puedo. Y lo voy a hacer. Si alguien quiere ocupar mi lugar, que hable ahora.”

Nadie habló.

Dante se levantó.

“Entonces. Me retiro.”

Camila y Dante se casaron en la mansión.

Vestido blanco.

Flores blancas.

Los hombres de la mafia de testigos.

El cura temblaba.

Nadie se atrevía a mirar a Dante a los ojos.

Pero Dante solo miraba a Camila.

“¿Estás feliz?” preguntó él.

“Nunca fui tan feliz.”

“Ni yo.”

Se besaron.

Los hombres aplaudieron.

Alguien gritó: “¡Viva la reina!”

Camila se rió.

“Reina del inframundo.”

“Y yo su rey.”

Bailaron toda la noche.

Camila se quitó los tacones.

Bailó descalza.

Dante la cargó en brazos.

“¿A dónde me llevas?”

“A nuestra habitación.”

“Ya no hay peligro?”

“Nunca más.”

Una noche, Camila encontró a Dante en el jardín.

Miraba las estrellas.

“¿En qué piensas?”

“En mi madre. Ella siempre quiso que dejara esto.”

“¿Y por qué no lo hiciste?”

“Porque no sabía hacer otra cosa.”

“Y ahora, ¿sabes?”

“Ahora sé amarte. Eso es suficiente.”

Camila se sentó a su lado.

“¿Te arrepientes de algo?”

“De nada. Ni de haberte conocido.”

“Ni de haberme secuestrado aquella noche?”

“Eso fue lo mejor que hice en toda mi vida.”

Se besaron.

Las estrellas brillaban.

La ciudad dormía.

Dos almas rotas se encontraron.

Y se salvaron.

Una con la otra.

Para siempre.

Camila nunca volvió a trabajar como mesera.

Nunca volvió a tener miedo.

Nunca volvió a mirar atrás.

Dante dejó la mafia.

Vendió la mansión.

Compró una casa en la playa.

Con jardín.

Con perros.

Con hijos.

Tuvieron dos niños.

Una niña y un niño.

La niña se llamaba Lucía, como la mesera que le dijo a Camila quién era Dante.

El niño se llamaba Ricardo, como el padre de Camila.

Dante les enseñaba a pelear.

Camila les enseñaba a leer.

Una noche, Lucía preguntó.

“Papá, ¿es verdad que mataste a muchos hombres?”

Dante la miró.

“Sí. Pero fue hace mucho tiempo.”

“¿Y ahora?”

“Ahora solo mato monstruos debajo de la cama.”

Lucía se rió.

“No hay monstruos debajo de la cama.”

“Claro que sí. Pero tu mamá los mata antes de que yo me dé cuenta.”

Camila sonrió.

Nunca imaginó esa vida.

Nunca imaginó ese amor.

Pero el destino es caprichoso.

Y a veces, la persona que debes temer es la única que puede salvarte.

FIN

 

Related Posts

La Cirujana Que El CEO Abandonó En El Altar Volvió Tres Años Después Para Salvar A Su Hijo Secreto, Pero La Prueba De ADN Reveló Que El Niño Nunca Había Sido De Él – PARTE 2

Parte 2: El Niño Que Tenía Su Corazón Elena corrió antes de pensar. El cuerpo eligió por ella. El pasillo se partió en luces blancas, pasos urgentes…

La Cirujana Que El CEO Abandonó En El Altar Volvió Tres Años Después Para Salvar A Su Hijo Secreto, Pero La Prueba De ADN Reveló Que El Niño Nunca Había Sido De Él – PARTE 1

Parte 1: La Mujer Que Entró Al Hospital Sin Mirarlo El ascensor del ala privada se abrió a las dos y diecisiete de la madrugada. La doctora…

La Chica Que Nadie Quiso Pesaba 110 Kilos Y Trabajaba En La Sombra, Pero Cuando Descubrió El Secreto Sucio De La Mafia Y El Jefe La Vio, Se Convirtió En La Reina Más Temida De Chicago – PARTE 3

 Parte 3: La Reina De Chicago La pólvora flotaba en el aire subterráneo. Chelsea se apartó del pecho de Darby. La contable asustada de Oak Haven estaba…

La Chica Que Nadie Quiso Pesaba 110 Kilos Y Trabajaba En La Sombra, Pero Cuando Descubrió El Secreto Sucio De La Mafia Y El Jefe La Vio, Se Convirtió En La Reina Más Temida De Chicago

Parte 1: La Contable Invisible Las luces fluorescentes zumbaban sobre los cubículos de Oak Haven Financial. Chelsea Foster llevaba once horas mirando sus monitores. Nadie la había…

La Chica Que Nadie Quiso Pesaba 110 Kilos Y Trabajaba En La Sombra, Pero Cuando Descubrió El Secreto Sucio De La Mafia Y El Jefe La Vio, Se Convirtió En La Reina Más Temida De Chicago – PARTE 2

Parte 2: El Toque Del Depredador Chelsea no esperó. En el caos que siguió, salió corriendo. Bajó cuarenta y dos pisos por las escaleras. Sus piernas temblaban…

 La Falsa Pobre Que Se Infiltró En La Mafia Para Vengar A Su Familia — Pero El Jefe Descubrió Su Secreto Y La Obligó A Quedarse – PARTE 2

PARTE 2: LA VENGANZA Y EL PERDÓN Valeria y Matteo localizaron a Benicio Ríos. Él se escondía en una isla remota. Pero sabía que lo buscaban. Y…