PARTE 6
La mujer al final del pasillo
La finca estaba perfecta.
Flores blancas.
Sillas doradas.
Cristales.
Velas.
Música suave.
Un altar cubierto de lino y ramas de olivo.
Los invitados llegaron sin saber que asistían a una boda imposible.
Camila estaba radiante.
Su vestido blanco era más provocador que clásico, con espalda abierta y encaje fino. Caminaba por la habitación de la novia acariciándose el vientre apenas visible.
—Hoy empieza mi vida real —dijo.
Marina, ajustando el velo, respondió:
—A veces la vida real empieza cuando se termina la mentira.
Camila la miró.
—¿Qué dijiste?
—Que el velo está listo.
Álvaro llegó media hora antes de la ceremonia.
Marina lo vio desde lejos.
Traje negro.
Rostro nervioso.
Manos inquietas.
No parecía un hombre enamorado.
Parecía un hombre acorralado que aún creía que podía salir limpio.
Teresa estaba en primera fila, vestida de azul oscuro, con expresión de victoria.
El abogado también estaba allí.
Julia se acercó a Marina.
—Todo listo.
Marina asintió.
—Pantalla.
—Lista.
—Audio.
—Listo.
—Documentos.
—En posición.
—Puertas.
—No cerradas, pero seguridad está avisada.
Marina respiró.
—Bien.
La música empezó.
Camila caminó hacia el altar.
Los invitados sonrieron.
Álvaro intentó sonreír también.
Cuando Camila llegó a su lado, tomó su mano.
El oficiante comenzó:
—Estamos aquí para unir a Camila Ortega y Álvaro Salcedo…
Entonces la música se detuvo.
No de golpe.
Como si alguien hubiera cortado el aire.
Los invitados giraron.
Al final del pasillo estaba Marina.
Vestido negro.
Carpeta negra.
Rostro sereno.
Álvaro quedó blanco.
Camila apretó el ramo.
Teresa se levantó.
—¿Qué hace ella aquí?
Marina caminó lentamente por el pasillo.
—Trabajar, Teresa. Me contrataron para organizar una boda.
Se detuvo frente al altar.
Miró a Álvaro.
—Aunque debo admitir que olvidaste mencionar un pequeño detalle.
El oficiante carraspeó.
—Señora, esto no es apropiado.
Marina le entregó un documento.
—En realidad, es muy apropiado. Usted está a punto de celebrar una boda nula.
Álvaro susurró:
—Marina, por favor.
Ella lo miró.
—No. Hoy no suplicas en privado lo que mentiste en público.
Camila intentó recuperar control.
—Esto es patético. Una esposa despechada haciendo una escena.
Marina giró hacia ella.
—Camila, tú sabías que yo era la esposa.
La novia sonrió con rabia.
—Tú eras el pasado.
Marina levantó la carpeta.
—Entonces veamos si la ley está de acuerdo contigo.
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