PARTE 2
Las iniciales A. S.
Durante las dos primeras semanas, Marina trató aquella boda como cualquier otra.
Flores blancas y verdes.
Vajilla clara.
Música en vivo.
Menú mediterráneo.
Ceremonia al atardecer.
Camila era exigente, pero no caótica.
Sabía lo que quería.
O quizá sabía lo que quería quitarle a otra mujer.
—Quiero que el pasillo sea largo —dijo en una visita a la finca—. Que todos me vean entrar.
Marina anotó.
—¿Algo más?
—Quiero una pantalla grande para proyectar fotos.
—¿Fotos de la pareja?
Camila sonrió.
—De nuestra historia.
Marina sintió una incomodidad breve.
—Necesitaré ese material.
—Lo enviaré.
Ese viernes, Marina recibió una carpeta digital.
Fotos recortadas.
Un hombre de espaldas.
Manos entrelazadas.
Una cena.
Un viaje.
Un anillo.
El rostro del novio casi nunca aparecía completo.
Marina pensó que era extraño.
Pero los clientes ricos eran extraños todo el tiempo.
La primera grieta llegó con el traje.
El sastre envió medidas del novio para coordinar colores.
Archivo: A_Salcedo_TrajeFinal.pdf
Marina se quedó inmóvil.
Salcedo.
Álvaro Salcedo.
Su esposo.
Abrió el archivo con manos frías.
No había foto.
Solo medidas.
Pero las medidas eran de Álvaro.
Ella las sabía porque había encargado sus trajes durante años.
Al principio, su mente intentó protegerla.
Puede ser otro A. Salcedo.
Puede ser coincidencia.
Puede ser un primo.
Puede ser…
Entonces vio el teléfono de contacto.
Terminaba en los mismos cuatro números del móvil privado de Álvaro.
Marina se levantó de la silla.
Caminó hasta la ventana.
Respiró.
Una vez.
Dos.
Tres.
No lloró.
Todavía no.
Esa noche, Álvaro llegó tarde.
—Reunión larga —dijo mientras dejaba las llaves.
Marina estaba en la cocina.
—¿Con quién?
—Clientes.
—¿Importantes?
—Marina, por favor. Estoy agotado.
Ella lo miró.
Camisa blanca.
Reloj plateado.
El perfume que no usaba para verla a ella.
—Claro —respondió—. Come algo si quieres.
Él se sorprendió por la calma.
—¿Tú no cenas?
—Ya cené.
Álvaro subió a ducharse.
Marina tomó su portátil.
No intentó abrirlo.
No necesitaba cometer errores.
Abrió los registros de Casa Lirio.
Revisó Altamar Consulting.
Buscó facturas.
Cruces de pagos.
Socios.
Altamar Consulting estaba vinculada a una cuenta empresarial donde Álvaro tenía acceso.
Una cuenta que originalmente se creó para proyectos conjuntos de inversión.
Una cuenta donde también había dinero de Marina.
Se sentó frente a la pantalla.
El aire se volvió pesado.
Álvaro no solo iba a casarse con otra mujer.
Iba a pagar esa boda con dinero que también era de ella.
Esa fue la noche en que Marina abrió una carpeta nueva en su ordenador.
La llamó:
Boda A. S.
Y empezó a guardar todo.
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