PARTE 5
El hermano en la pantalla rota
El primer rastro de Nico apareció en una cámara de seguridad del puerto.
No lo encontró la policía.
Lo encontró Rafa, mano derecha de Alessandro, un hombre enorme con cicatriz en la ceja y corazón sorprendentemente blando cuando hablaba con Elena.
La imagen era borrosa.
Nico caminaba entre contenedores acompañado por dos hombres. No parecía golpeado, pero sí asustado. Hacía una seña con la mano derecha, rápida, casi escondida.
Sofía la vio y se llevó la mano a la boca.
Alessandro, a su lado, preguntó:
—¿Qué dice?
—“No confíes en el hombre del anillo azul.”
Rafa acercó la imagen.
Uno de los hombres llevaba un anillo con piedra azul.
Alessandro se tensó.
—Mauro.
Sofía giró hacia él.
—¿Su tío?
—Usa un anillo así desde hace veinte años.
Elena estaba detrás. Leyó los labios de Alessandro y palideció.
Mauro vendió a Nico?
Sofía tradujo.
Alessandro no respondió.
No hacía falta.
Esa noche, el ambiente en la mansión cambió. Los guardias se duplicaron. Las llamadas se hicieron en voz baja. Vittoria llegó sin avisar, vestida de blanco, con una sonrisa de futura esposa.
—Extraño verte tan ocupado —dijo—. ¿La intérprete sigue viviendo aquí?
Sofía estaba en la escalera.
Vittoria la vio.
—Ah. Como sirvienta con privilegios.
Sofía respondió:
—Y usted como novia con demasiados secretos.
Vittoria sonrió.
—Ten cuidado. Alessandro se cansa rápido de las mujeres útiles.
Alessandro apareció detrás.
—Entonces deberías preocuparte más que ella.
La sonrisa de Vittoria se rompió.
—Mi amor, solo bromeaba.
—No soy tu amor.
Sofía sintió algo absurdo en el pecho.
No debía importarle.
No debía.
Pero importó.
Vittoria se acercó a Alessandro y bajó la voz:
—Las familias esperan una fecha para la boda. Si retrasas más, parecerá que una intérprete te hizo dudar.
Alessandro la miró.
—Tal vez me hizo escuchar.
Vittoria no supo qué responder.
Esa misma noche, Elena fue atacada.
No con armas.
Con algo más silencioso.
Le enviaron un video al teléfono.
Nico, atado a una silla, con un mensaje escrito frente a él:
Si Elena sigue hablando, el chico pierde las manos.
Elena gritó sin sonido.
Sofía corrió hacia ella.
Alessandro entró detrás.
Cuando vio el video, su rostro se volvió frío como piedra.
—Rafa.
—Ya rastreamos señal.
Sofía tomó el teléfono con manos temblorosas.
Nico hizo una última seña antes de que el video terminara.
Sofía, no entregues tu voz.
Ella lloró por primera vez en la mansión Marino.
No con escándalo.
Con rabia.
Alessandro la vio romperse y no supo tocarla.
Así que hizo lo único que podía.
Se arrodilló frente a ella, para quedar a su altura.
—Lo traeré de vuelta.
Sofía lo miró.
—No prometa.
—No es promesa.
Su voz fue baja.
—Es deuda.
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