PARTE 6
La boda negra
La boda de Lorenzo Valenti y Bianca Orsini se celebró en una iglesia privada junto al mar.
No era una boda.
Era una reunión de lobos con flores.
Capos.
Empresarios.
Políticos.
Jueces.
Viudas enjoyadas.
Hombres armados fingiendo ser choferes.
Mujeres con vestidos caros y sonrisas de guerra.
Alma llegó como parte del equipo de vestuario.
Tenía las manos vendadas.
El corazón golpeándole en la garganta.
Y bajo el vestido llevaba escondida la libreta de su padre, el hilo de prueba y un pequeño dispositivo que Doña Clara había logrado reparar.
Lorenzo estaba en una habitación lateral, vestido con el traje negro.
El bordado dorado brillaba en el cuello y los puños.
La piel de su cuello ya estaba en contacto con el veneno.
Alma sintió pánico.
—Necesito ajustar la chaqueta —dijo.
El guardia la dejó pasar.
Lorenzo la vio entrar.
—Pensé que intentarías huir.
—Yo también.
—¿Y?
—Soy pésima siguiendo mis mejores ideas.
Él la miró.
—Tus manos.
—No es nada.
—Sigues mintiendo mal.
Alma respiró.
—Cuando entremos a la ceremonia, pase lo que pase, no me mate antes de escucharme.
Lorenzo se acercó.
—¿Qué hiciste?
—Lo correcto. Creo.
Antes de que él pudiera responder, llamaron a la puerta.
Era hora.
Lorenzo caminó hacia el altar.
Bianca apareció vestida de blanco, hermosa como una mentira recién pulida.
Enzo Valenti estaba en primera fila.
Sonriendo.
La ceremonia empezó.
Alma se colocó detrás de una columna.
Esperó.
Esperó demasiado.
Vio a Lorenzo tocarse el cuello.
Vio una gota de sudor en su sien.
Vio a Bianca sonreír.
El sacerdote preguntó si alguien se oponía.
Nadie habló.
Porque en ese mundo, hablar era morir.
Alma salió de la columna.
—Yo.
La iglesia entera se volvió hacia ella.
Bianca palideció.
Lorenzo no se movió.
—Ese traje está envenenado —dijo Alma.
Un murmullo se extendió.
Enzo soltó una risa.
—Qué espectáculo barato.
Bianca gritó:
—¡Está obsesionada con Lorenzo! ¡Sáquenla!
Dos guardias avanzaron.
Alma corrió hacia Lorenzo.
Él levantó una mano para detener a sus hombres.
—Déjenla.
Alma llegó frente a él.
—Quítese la chaqueta.
—Alma.
—Ahora.
Bianca gritó:
—¡No la escuches!
Alma no esperó.
Rasgó el bordado del cuello con ambas manos.
El hilo le cortó la piel.
La sangre tocó el oro.
Y el oro se volvió negro.
El médico de la familia se levantó de golpe.
—No lo toquen. Es toxina dérmica.
El salón quedó helado.
Lorenzo miró el hilo.
Luego a Alma.
Sus dedos sangraban.
Ella temblaba.
—Mi hermano está secuestrado —dijo—. Me obligaron a coserlo.
Bianca intentó salir.
Los guardias de Lorenzo cerraron las puertas.
El jefe Valenti giró hacia su novia.
La boda terminó en ese segundo.
La cacería empezó.
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