PARTE 5
Segunda partida: el comprador de la novia
Octavio Rivas siempre sonreía como si todos le debieran algo.
Esa noche dejó de sonreír.
Valeria colocó frente a él una carta.
Rey de diamantes.
—El comprador.
Octavio intentó recomponerse.
—Yo no maté a nadie. Tu padre me debía dinero. Yo cobré.
—Cobró con mi muerte.
—Negocios.
Valeria lo miró como si fuera una cucaracha sobre mantel limpio.
—Entonces hablemos de negocios.
La pantalla mostró una grabación.
Octavio sentado frente a Don Esteban cinco años atrás.
“Si la chica se casa con Aranda, sus acciones quedan blindadas. Si muere antes, el fideicomiso se rompe. Yo no doy prórrogas por sentimentalismo.”
Don Esteban respondía:
“Habrá un accidente.”
Octavio sonreía:
“Que parezca escándalo. Una novia muerta da lástima. Una novia traidora permite mover activos más rápido.”
Mateo apretó la mandíbula.
—La acusaron de traición para mover el dinero.
Valeria asintió.
—Y tú creíste rápido.
Él no se defendió.
—Sí.
Octavio habló:
—Un audio no prueba que yo disparé.
Valeria repartió otra carta.
—No. Pero prueba que pagó por el arma.
En la pantalla apareció una transferencia a Mauro Ortega.
Mauro maldijo en voz baja.
Octavio lo señaló.
—Él tomó el dinero.
Mauro se levantó.
—Yo no disparé!
Valeria sonrió.
—Eso es verdad.
Todos la miraron.
Mauro parpadeó.
—Qué?
Valeria levantó la bala en una pequeña caja de cristal.
—Esta bala no salió del arma de Mauro.
Adrián, que había estado callado todo el tiempo, bajó la mirada.
Mateo lo vio.
—Adrián?
Valeria no lo miró todavía.
—Paciencia.
Octavio empezó a retroceder.
—Quiero a mi abogado.
Las puertas siguieron cerradas.
Valeria puso otra ficha roja.
—Puede apostar uno.
Octavio intentó tomar una pistola oculta bajo su chaqueta.
Antes de sacarla, una mujer del personal del casino le golpeó la muñeca con una vara metálica. El arma cayó.
Victoria no se levantó.
Solo dijo:
—En mi mesa no se hacen trampas.
El personal del casino no eran camareros.
Eran personas que Octavio había arruinado.
Deudores.
Viudas.
Exempleados.
Hijos de hombres que él empujó al suicidio con apuestas arregladas.
Octavio miró alrededor y entendió que estaba rodeado de fantasmas ajenos.
Valeria mostró una última prueba.
—Su casino, sus cuentas y sus rutas de lavado ya están intervenidas.
Octavio quedó pálido.
—Quién te ayudó?
Valeria levantó la mirada hacia Adrián.
—El hombre que todos creen traidor.
Mateo giró hacia su amigo.
Adrián seguía sin levantar la vista.
Y Valeria puso una nueva carta sobre la mesa.
—Tercera partida: el testigo que guardó la bala.
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