PARTE 9
La pelea del casino
El casino se convirtió en campo de batalla.
Las mesas se volcaron.
Las fichas rojas rodaban por el suelo como gotas de sangre.
Los cristales de las lámparas caían sobre las alfombras negras.
Valeria se movía como si hubiera ensayado cada paso.
Porque lo había hecho.
Durante cinco años imaginó esta noche.
No por romanticismo.
Por supervivencia.
Un hombre intentó sujetarla por detrás. Ella le golpeó la nariz con la nuca, giró y le clavó el tacón en el pie. Cuando él se dobló, lo empujó contra la mesa de ruleta.
Otro atacó con una botella rota.
Valeria recibió un corte en el brazo, pero le arrebató la botella y lo golpeó en la mandíbula.
Mateo peleaba cerca de la barra. No era tan limpio como Adrián, pero era brutal. Sangraba por la ceja. Derribó a dos hombres antes de que uno lo tirara al suelo.
Valeria lo vio.
Durante un segundo, quiso dejarlo.
El odio le susurró que era justo.
Pero el cuerpo se movió antes que el rencor.
Disparó al hombro del atacante.
Mateo respiró, sorprendido.
—Me salvaste.
Valeria pasó a su lado.
—No te acostumbres.
Inés estaba escondida bajo una mesa, temblando.
Don Esteban intentaba arrastrarse hacia una salida secreta.
Valeria lo vio.
—Padre.
Él se congeló.
—No es momento.
—Para usted nunca lo fue.
Mauro y Adrián cubrían el pasillo principal.
Uno de los atacantes gritó:
—¡Quemen los archivos!
Valeria sonrió.
—Demasiado tarde.
Las pantallas del casino se encendieron una por una.
Todos los documentos ya estaban subiendo a servidores externos.
El juez Salcedo, cubierto de sangre en la frente por un golpe, empezó a reír de nervios.
—Estamos muertos.
Valeria lo miró.
—No. Muertos no.
Pateó un arma lejos del suelo.
—Expuestos.
La pelea terminó cuando Adrián derribó al último atacante contra una máquina tragamonedas. Las luces volvieron poco a poco.
En el centro del casino, todos respiraban con dificultad.
Sangre.
Vidrios.
Cartas sobre el suelo.
Valeria volvió a sentarse en la mesa rota.
—Continuamos.
Mateo la miró como si no pudiera creerlo.
Ella levantó una carta manchada de sangre.
—Sexta partida: Mauro Ortega.
Mauro, aún con el arma en la mano, bajó la cabeza.
—Pregunte.
👉 [Haz clic aquí para leer la siguiente parte] 👈