PARTE 9
El hermano en la casa segura
Valentina no gritó.
Quería hacerlo.
Quería golpear a Dante, a Rafael, a Arturo, al mundo entero.
Pero no gritó.
Miró la pantalla donde Nicolás estaba sentado, con las manos atadas, intentando parecer valiente.
Tenía diecinueve años.
Demasiado joven para pagar las deudas de todos.
—Nico —dijo ella.
Él levantó la cabeza.
—Vale, estoy bien.
Mentira.
Pero útil.
Dante habló por teléfono con sus hombres.
—Cómo entraron?
La respuesta no se escuchó, pero la mandíbula de Dante se endureció.
Valentina lo miró.
—Camila.
Dante cerró los ojos un instante.
Sí.
Camila había tenido acceso a la ubicación por los reportes de protección.
Rafael dijo:
—La señorita Ríos vende rápido cuando tiene miedo.
Valentina sintió una rabia helada.
—¿Qué quiere?
—Todo. Los discos. Sus acciones. Su renuncia. Y el divorcio de Romano en cuanto firme.
Dante sonrió.
—Quiere separarnos? Qué romántico.
Rafael respondió:
—Quiero que usted vuelva a ser el monstruo perfecto. Y que la señorita Moretti vuelva a ser una víctima útil.
Valentina dio un paso.
—No.
Rafael arqueó una ceja.
—No?
—No voy a renunciar.
—Su hermano—
—Mi hermano sabe que no negocio con hombres que usan rehenes porque no saben ganar mesas.
Nicolás, en pantalla, sonrió apenas.
—Eso sonó muy CEO, Vale.
Valentina casi se quebró.
No lo hizo.
Dante se acercó a ella y habló muy bajo:
—Tengo un plan.
—Espero que sea mejor que su casa segura.
Aceptó el golpe.
—Lo es.
—¿Implica que confíe en usted?
—Parcialmente.
—Mala estrategia.
—Tiene una mejor?
Valentina miró a Rafael.
Luego a Nicolás.
Luego a Arturo, que temblaba en la silla.
—Sí.
Caminó hacia Arturo.
—Tío, quiere vivir?
Arturo lloró.
—Sí.
—Entonces va a hacer una llamada.
—A quién?
Valentina sonrió.
No dulce.
Moretti.
—A todos los accionistas.
Rafael frunció el ceño.
—Qué hace?
Valentina tomó el teléfono de Arturo.
—Una junta extraordinaria.
Dante entendió primero.
Sus ojos brillaron.
—Está loca.
—Gracias.
Valentina miró a Rafael.
—Usted quería mis acciones. Perfecto. Vamos a hablar de acciones.
La transmisión se abrió en directo a todos los accionistas del Grupo Moretti, a la prensa financiera y a la fiscalía económica que Dante había mantenido esperando como plan B.
Valentina apareció en pantalla desde el teatro destruido.
Sangre en la ceja.
Traje oscuro.
Mafia boss a su lado.
Tío atado detrás.
Banquero criminal frente a ella.
—Buenas noches —dijo—. Soy Valentina Moretti, CEO del Grupo Moretti. Convoco junta urgente para denunciar intento de asesinato, fraude corporativo, manipulación de deuda, tráfico de menores mediante fundación y extorsión accionarial.
Rafael perdió el control.
—Corten la señal!
Dante sonrió.
—Ahora sí hay público.
Y sus hombres irrumpieron en la casa segura al mismo tiempo.
No para rescatar a Valentina.
Para rescatar a Nicolás.
La negociación se había convertido en transmisión.
Y Rafael Costa ya no podía matar a nadie sin cotizar en directo.
👉 [Haz clic aquí para leer la siguiente parte] 👈