PARTE 7
El café que Dante compró en tres minutos
Abril trabajaba en el Café Aurora porque necesitaba sentirse útil.
Dante insistía en que no era necesario.
Ella respondía:
—No quiero que mi vida sea una habitación bonita en tu mansión.
Él no discutió.
Aprendía lento, pero aprendía.
El dueño del café, Ben, era amable con Abril y con Nina. Demasiado amable para el gusto de Dante.
Una tarde, Dante llamó al teléfono de Abril y Ben contestó.
—¿Quién es usted? —preguntó Dante.
—El jefe de Abril.
—Soy su esposo. Pase el teléfono a mi esposa y a mi hija.
Ben sonrió.
—Ah. El esposo de contrato.
Esa frase arruinó la tarde.
Dante apareció en el café veinte minutos después.
Pidió café negro, latte de vainilla para Abril y chocolate para Nina.
Luego se sentó como si estuviera interrogando al mostrador.
—¿Siempre le compras galletas a mi hija? —preguntó a Ben.
—Le gustan.
—Yo puedo comprarle todas las galletas del mundo.
—Ella prefiere las mías.
Abril se tapó la cara.
—Parecen niños.
Dante y Ben hablaron como dos gallos hasta que Abril golpeó la mesa.
—Yo soy la cajera. Yo decido. Hoy paga la casa. Ahora cállense los dos.
Nina aplaudió.
La escena habría sido graciosa si no fuera por lo que ocurrió días después.
Chloe, una antigua compañera de Abril que ahora trabajaba para un socio de Rizzo, entró al café.
Pidió café sin nueces para un cliente alérgico.
Luego, en secreto, puso polvo de nuez en la bebida y gritó cuando el hombre empezó a toser.
—¡Abril lo envenenó!
El café se llenó de cámaras.
—Ella puso algo en la taza.
—Deberían despedirla.
—Es peligrosa.
—Una madre soltera desesperada haría cualquier cosa.
Ben intentó defenderla.
Chloe llamó a un representante de la cadena dueña del local.
—Si no la echan, los denunciaré.
Dante entró.
El ambiente cambió.
Chloe sonrió.
—Otra vez el guardaespaldas jugando a héroe.
Dante miró al gerente.
—¿Quién tiene autoridad aquí?
—La cadena Harrington Coffee.
Dante sacó el teléfono.
—Ethan. Tres minutos. Compra Harrington Coffee y pon el local a nombre de mi esposa.
Abril abrió los ojos.
—Dante, no.
Chloe se rió.
Hasta que su teléfono sonó.
El dueño de la cadena gritaba al otro lado:
—¿Qué hiciste? Vitale Holdings acaba de comprar todo.
Chloe perdió la voz.
Dante miró a Abril.
—Bienvenida a tu café.
—Estás loco.
—Probablemente.
Ben murmuró:
—Eso sí es competencia desleal.
Dante lo miró.
—Y tú sigues siendo gerente si respetas a mi esposa.
Abril sintió vergüenza, enojo y una ternura peligrosa.
—No puedes comprar cada problema.
Dante se inclinó.
—Solo los que intentan hacerte llorar.
Ella quiso discutir.
No pudo.
Porque, aunque sonara exagerado, por primera vez alguien convertía su humillación en justicia.
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