PARTE 4
La cena de aniversario
El restaurante estaba igual que ocho años atrás.
Luces cálidas.
Mesas pequeñas.
Manteles blancos.
Copas finas.
Música suave.
Andrés llegó primero.
—¿Por qué aquí? —preguntó.
Natalia dejó su bolso sobre la silla.
—Porque aquí juraste que nunca me mentirías.
Él bajó la mirada.
Verónica llegó diez minutos después, con un vestido beige y los ojos hinchados.
—Esto es humillante —susurró.
Natalia la miró.
—No. Humillante fue enterarme por facturas de que mi mejor amiga esperaba un hijo de mi marido.
El camarero sirvió agua.
Andrés no tocó el vaso.
—Natalia, quiero arreglar esto.
Ella inclinó la cabeza.
—¿Qué quieres arreglar exactamente? ¿El matrimonio o la contabilidad?
Él apretó los labios.
—No quiero perder la empresa.
Natalia sonrió sin alegría.
—Gracias por la honestidad. Llegó tarde, pero llegó.
Verónica habló:
—Yo no sabía que usaba dinero de la empresa.
Natalia abrió una carpeta.
—Mentira.
Puso sobre la mesa una copia de un mensaje.
Verónica leyó en silencio.
Su rostro cambió.
Natalia recitó:
—“¿Cuánto podemos cargar a la cuenta antes de que Natalia lo note?”
Andrés cerró los ojos.
—No debiste revisar eso.
Natalia lo miró.
—¿Eso es lo que te molesta? ¿Que revisé cómo me robaban?
Andrés bajó la voz.
—Estábamos desesperados.
—No. Estaban cómodos.
Ella hizo una señal al gerente.
La pantalla privada del salón se encendió.
Aparecieron facturas.
Transferencias.
Correos.
Mensajes.
Audios.
Uno de los audios empezó a sonar.
La voz de Andrés:
“Natalia está demasiado rota por lo del bebé. No revisará nada este mes.”
Verónica se tapó la boca.
Natalia no apartó la mirada de Andrés.
—Esa fue la frase que terminó mi duelo.
Andrés lloró.
—No quería decirlo así.
—Pero lo dijiste.
Otro audio.
La voz de Verónica:
“Cuando nazca el bebé, puedes pedirle el divorcio. Ella no va a pelear. Siempre se culpa de todo.”
El restaurante quedó en silencio.
Algunos clientes miraban desde otras mesas.
Verónica susurró:
—Apágalo, por favor.
Natalia respondió:
—No. Yo me apagué durante meses para que ustedes vivieran cómodos. Hoy se enciende todo.
El gerente se acercó.
—Señora Rivas, la policía está esperando fuera.
Andrés se levantó.
—¿Policía?
Natalia cerró la carpeta.
—No por la infidelidad. Por el dinero.
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