PARTE 14
La última cacería
Rosetti huyó hacia el puerto viejo.
No porque no tuviera otro lugar.
Porque allí estaban sus barcos, su dinero, sus hombres y la ruta final para sacar de la ciudad a quienes aún le debían lealtad.
Bianca no esperó autorización del consejo.
Alessandro tampoco.
Esa noche, por primera vez, Vieri y Serrano pelearon como una sola línea.
Luca quedó bajo protección de la madre Celeste, Elías y diez hombres. Pero antes de separarse, el niño tomó la cadena de oro y se la dio a Alessandro.
—Para que vuelvas.
Alessandro la miró.
—Era tuya.
—Yo estoy con mamá. Tú vas a pelear.
Bianca observó la escena sin hablar.
Alessandro se puso la cadena.
—Volveré a intentarlo.
Luca asintió.
—Sin prometer.
—Sin prometer.
El puerto viejo estaba iluminado por incendios pequeños. Rosetti había quemado documentos, almacenes y rutas enteras para que nadie pudiera usarlas contra él.
Pero Bianca conocía la entrada subterránea gracias a su padre.
Entraron por debajo.
Alessandro, Bianca, Elías y seis hombres.
El túnel desembocó en un almacén de contenedores donde Rosetti preparaba su salida.
Marco estaba allí.
No con Rosetti.
Contra él.
—Qué sorpresa —dijo Bianca.
Marco sangraba por la boca.
—Rosetti iba a venderme también.
Alessandro lo miró con desprecio.
—Y recién ahora descubres que los traidores también traicionan traidores.
Marco cayó de rodillas.
—Puedo ayudar.
Bianca se acercó.
—Ya ayudaste a quemar mi coche.
Marco cerró los ojos.
—Lo sé.
—Ya ayudaste a perseguir a mi hijo.
—Lo sé.
—Entonces ayuda callado.
Marco les dio la ubicación exacta de Rosetti: el muelle de carga seis.
La pelea final empezó entre contenedores.
Rosetti tenía más hombres.
Alessandro tenía más rabia.
Bianca tenía algo peor: paciencia acumulada durante cinco años.
Avanzaron entre sombras, disparos y metal. Elías derribó a dos hombres desde una pasarela. Alessandro se enfrentó a un capitán Rosetti con cuchillo, recibiendo un corte en la mejilla antes de romperle la mandíbula contra un contenedor.
Bianca encontró a Irina intentando escapar con una maleta.
—Otra vez huyendo.
Irina se giró, desesperada.
—Tú no entiendes. Victoria me obligó.
Bianca apuntó.
—Todo el mundo en esta historia fue obligado justo cuando lo atraparon.
Irina sacó un arma.
Bianca disparó primero, alcanzándole la pierna.
Irina cayó gritando.
—Vive —dijo Bianca—. Me debes muchas declaraciones.
En el muelle seis, Rosetti estaba subiendo a un barco.
Alessandro le disparó al motor.
Bianca corrió hacia la pasarela.
Rosetti la esperó con un cuchillo.
La pelea fue corta y brutal.
Él le abrió el hombro. Ella le rompió la nariz. Él la empujó contra una baranda. Ella casi cayó al agua. Alessandro intentó intervenir, pero Bianca gritó:
—¡No!
Rosetti sonrió.
—Siempre tan orgullosa.
Bianca lo miró.
—No. Cansada.
Le clavó la navaja en la mano y le arrebató el cuchillo. Después lo golpeó con la rodilla en el estómago y lo tiró contra el suelo del muelle.
Rosetti tosió sangre.
—Mátame.
Bianca apuntó.
Lo pensó.
Cinco años de miedo.
Cinco años de esconder a Luca.
Cinco años de tumbas vacías.
Luego bajó el arma.
—No.
Rosetti sonrió con desprecio.
—Débil.
Bianca le pisó la mano herida.
Él gritó.
—No. Madre.
Las sirenas del consejo llegaron al puerto.
Rosetti fue llevado vivo.
Victoria detenida.
Irina capturada.
Marco bajo custodia.
Pero la victoria final no fue verlos caer.
Fue volver a la casa segura y encontrar a Luca despierto, esperando en la entrada.
Alessandro se quitó la cadena y se la devolvió.
—Volví.
Luca la tomó.
—Lo intentaste bien.
Bianca miró a Alessandro.
Y por primera vez, casi sonrió.
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