PART 2
Elise llegó a Nocturne empapada.
El cabello pegado a la cara.
Los zapatos llenos de agua.
Las manos temblando.
Había corrido las últimas calles porque el taxi se quedó atrapado en el tráfico por la tormenta.
Cuando entró al salón privado, todos la miraron.
Cyrus estaba sentado junto a Yasmin.
Ella llevaba una manta sobre los hombros y una expresión frágil.
Los amigos de Cyrus rieron.
— Justo a tiempo. Vaya, Sylvia, ¿viniste corriendo?
Elise dejó la bolsa sobre la mesa.
— Dijiste veinte minutos.
Cyrus la miró con una mezcla de sorpresa e impaciencia.
— Llévalo al baño de mujeres. Después descansa un poco.
Yasmin sonrió con dulzura.
— Gracias, Sylvia.
Elise no respondió.
Solo quería irse.
Pero poco después, el grito de Yasmin atravesó el local.
Cyrus salió de golpe.
Cuando volvió, su rostro era hielo.
— ¿Por qué le tiraste agua fría?
Elise parpadeó.
— ¿Qué?
— En el baño. Dos cubos de agua helada. Yasmin está en su ciclo y tú hiciste eso.
— Yo no hice nada.
Cyrus se acercó.
— ¿Crees que no te conozco? Has actuado como esposa perfecta durante meses solo para esperar este momento.
Elise lo miró con cansancio.
— Ser buena contigo te hizo malinterpretar demasiadas cosas.
— Discúlpate.
— No hice nada.
— Discúlpate o no saldrás de aquí.
Elise entendió.
No importaba la verdad.
Cyrus ya había elegido.
Como siempre.
En el hospital, Yasmin estaba en una cama, pálida, envuelta en cobijas.
Cuando Elise entró, Yasmin bajó la mirada.
— Sylvia, no quería que esto se hiciera grande. Sé que te duele que Cyrus pase tiempo conmigo.
Elise la observó.
— ¿Estás segura de que fui yo?
Yasmin sonrió apenas.
Una sonrisa que solo Elise vio.
— ¿Quién más?
Cyrus golpeó la mesa.
— Te dije que te disculparas.
Elise pensó en los treinta millones.
En el contrato.
En un mes.
Solo un mes.
— Lo siento —dijo.
— Más claro.
— Lo siento.
Cyrus no quedó satisfecho.
— Como fuiste tú quien la dañó, cuidarás de ella hasta que sea dada de alta.
Elise aceptó.
Preparó comida.
Limpió la habitación.
Ayudó a Yasmin a lavarse.
Soportó los murmullos de enfermeras y visitantes.
— Qué esposa tan generosa. Cuida incluso a la mujer que su esposo ama.
— Eso sí es amar sin dignidad.
Yasmin disfrutaba cada frase.
Una tarde le pidió que le limpiara los pies.
Elise lo hizo.
No porque se humillara por amor.
Sino porque cada acto la acercaba al final.
Cuando Yasmin fue dada de alta, Cyrus la llevó de viaje a Mew Parry.
Yasmin envió fotos a Elise.
Cyrus dijo que algún día me comprará una isla.
En la subasta compró todas las joyas que me gustaron. ¿También hace eso por ti?
Elise respondió:
Eres muy afortunada.
Luego apagó el teléfono.
No le dolía como Yasmin esperaba.
Lo que le dolía era no poder irse todavía.
Días después llegó la cena mensual de la familia Fenton.
Cyrus no volvió.
Estaba con Yasmin.
La madre de Cyrus, Eleanor Fenton, miró a Elise con desprecio.
— Ni siquiera puedes mantener a tu esposo en casa.
— Él tenía asuntos.
— Llámalo.
— No volverá.
Eleanor entrecerró los ojos.
— Llámalo o acepta el castigo.
Elise pensó en interrumpir a Cyrus mientras estaba con Yasmin.
Si él se molestaba, el acuerdo entre familias podía peligrar.
Y si el acuerdo se rompía, ella perdería los treinta millones.
— Elijo el castigo —dijo.
Eleanor sonrió con crueldad.
El castigo fue brutal.
No de esos que dejan grandes marcas visibles.
Sino de los que se aplican en silencio, puertas cerradas y orgullo familiar.
Cuando Cyrus se enteró, fue al hospital donde Elise se recuperaba.
— ¿Por qué no me llamaste?
Ella respondió con calma:
— No quería interrumpir tu cita con Yasmin.
Cyrus se quedó quieto.
Los rumores volvieron a su mente.
Ella te ama tanto que prefiere ser castigada antes que molestarte.
Por primera vez, Cyrus miró a Elise con algo parecido a duda.
— ¿De verdad me amas tanto?
Elise cerró los ojos.
— No.
Pero él no la creyó.
Porque los hombres como Cyrus a veces prefieren creer que son amados antes que aceptar que han sido útiles solo como una jaula temporal.
Elise llevó los productos personales de Yasmin bajo una tormenta, pero fue acusada falsamente de tirarle agua fría. Cyrus no escuchó sus explicaciones y la obligó a disculparse y cuidar a Yasmin en el hospital. Después, cuando Cyrus volvió a elegir a Yasmin y faltó a la cena familiar, Elise aceptó ser castigada antes que interrumpirlo. Cyrus empezó a creer que ella lo amaba demasiado, sin entender que Elise solo estaba contando los días para ser libre.
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