EL GUARDAESPALDAS QUE SE ENAMORÓ DE LA HEREDERA PROHIBIDA Lo contrataron para vigilarla… pero terminó enfrentándose a todos para salvarl – PARTE 4

PART 4

La persecución hacia el banco Santoro

La persecución empezó antes de que el sol saliera.

Iván conducía con una mano firme y la mandíbula apretada. Valeria iba en el asiento trasero junto a Leonor, sujetándola mientras los autos de Marcelo se acercaban por la carretera vacía.

—¿Siempre conduce así? —preguntó Leonor, intentando respirar.

Valeria miró al frente.

—Creo que está enojado.

Iván no apartó la vista del camino.

—Estoy concentrado.

Valeria soltó:

—Está enojado.

Uno de los autos intentó golpearlos por el costado. Iván giró bruscamente. El vehículo enemigo perdió control y chocó contra una barrera sin volcar. El segundo se acercó más.

Leonor tomó la mano de Valeria.

—Escúchame. Si no llegamos al banco, Marcelo usará la firma falsa y tomará el control.

—Llegaremos.

—Si no…

—No empieces con frases de sacrificio. Acabo de recuperarte.

Iván miró por el espejo.

—Agáchense.

Un golpe sacudió la parte trasera del coche.

Valeria cubrió a su madre.

Iván tomó una salida hacia la ciudad. Calles estrechas. Mercados cerrados. Luces amarillas. El coche derrapó sobre el pavimento húmedo.

—Iván —dijo Valeria—, ¿plan?

—Entrar por el estacionamiento subterráneo.

—¿Y los autos?

—Van a intentar seguirnos.

—Eso no suena a plan.

—Es la parte que quería omitir.

Llegaron al banco Santoro a las 7:12.

El edificio estaba cerrado al público, pero la familia tenía acceso privado. Iván frenó frente al garaje. Valeria bajó con Leonor. Dos guardias de Marcelo aparecieron desde la entrada lateral.

Iván los interceptó.

—Suban.

Valeria dudó.

—No te quedes.

—No estoy pidiendo permiso.

La pelea en la entrada fue rápida: Iván esquivó un golpe, derribó a un guardia contra una columna y bloqueó al segundo antes de que sacara su arma. Valeria llevó a su madre al ascensor privado.

Dentro, Leonor escribió un código con manos temblorosas.

La cámara privada estaba en el nivel menos tres.

Cuando la puerta se abrió, el lugar era un pasillo de acero con cajas fuertes familiares.

Valeria puso la mano en el lector biométrico.

Acceso aceptado.

La caja de su abuelo se abrió.

Dentro había un sobre, una memoria y un video grabado.

Valeria activó la pantalla.

Su abuelo apareció sentado en su despacho, semanas antes de morir.

—Valeria, si estás viendo esto, significa que Marcelo hizo lo que temía. El Grupo Santoro es tuyo. No por ser mi nieta, sino porque eres la única que no quiso convertirlo en arma. Leonor debe declarar contigo. Iván Rojas tiene autoridad para protegerte incluso contra la familia.

Valeria miró a Iván, que acababa de entrar con la camisa rota y un corte pequeño en la ceja.

—¿Autoridad contra la familia?

Él respiró fuerte.

—Tu abuelo era específico.

El video continuó:

—Y si alguien intenta usar el accidente de hace tres años, sepan esto: tengo el video original. Adrián conducía. Marcelo encubrió todo para tener control sobre Valeria.

Leonor lloró.

Valeria cerró los ojos.

Por fin.

La verdad.

Pero la puerta de seguridad se bloqueó.

Marcelo apareció en la pantalla del sistema interno.

—Muy bonito. Ahora entréguenme todo o cierro el oxígeno del nivel.

Iván miró las rejillas.

—Puede hacerlo.

Valeria tomó la memoria.

—¿Cuánto tiempo tenemos?

—Poco.

Marcelo sonrió desde la pantalla.

—Valeria, firma la renuncia y tu madre vive. Iván también, si aprende a soltar lo que no le pertenece.

Valeria se acercó a la cámara.

—Ese es tu error, tío. Crees que todo debe pertenecerle a alguien.

Marcelo perdió la sonrisa.

Iván abrió un panel técnico.

—Puedo forzar la puerta, pero necesitaré tiempo.

—¿Cuánto?

—Más del que tenemos.

Valeria miró la memoria.

Luego recordó una cosa: la cámara del banco no solo guardaba documentos.

También tenía transmisión directa al consejo familiar para emergencias legales.

—No necesitamos salir —dijo.

Iván la miró.

—¿Qué?

Valeria conectó la memoria al sistema de conferencia.

Marcelo entendió tarde.

—¡No!

Demasiado tarde.

El video del abuelo, el accidente original, el secuestro de Leonor, los documentos de Marcelo y la firma falsa fueron enviados al consejo, abogados externos y medios asociados.

Marcelo golpeó la cámara.

Valeria sonrió.

—Acabas de encerrarnos en el único lugar desde donde podía destruirte.

La puerta se abrió minutos después, cuando los abogados del banco activaron el protocolo externo.

Marcelo intentó escapar.

Iván lo encontró en el estacionamiento.

—Se acabó —dijo.

Marcelo se rio.

—¿Crees que ella te elegirá? Eres un empleado con complejo de héroe.

Iván lo miró.

—No necesito que me elija para protegerla.

Marcelo intentó atacarlo con una navaja.

Iván lo desarmó y lo dejó contra el suelo.

Valeria llegó segundos después.

—No lo golpees más.

Iván obedeció.

Marcelo, esposado por seguridad privada, miró a Valeria con odio.

—No sabes dirigir una guerra.

Ella se agachó frente a él.

—No quiero dirigir una guerra. Quiero terminar la tuya.

Pero aún faltaba Adrián.

Y Adrián tenía el video falso, contactos con la prensa y suficiente desesperación para hacer una última jugada.

Esa jugada llegó una hora después.

Mensaje de Adrián:

“Si quieres limpiar tu nombre, ven sola al hotel donde empezó nuestro accidente. O tu guardaespaldas muere como debió morir hace años.”

Valeria miró a Iván.

—¿Qué significa “como debió morir”?

Iván cerró los ojos.

Y ella entendió que él también tenía un secreto.

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