PARTE 11
El ataque a la villa Serrano
La villa Serrano no estaba preparada para una guerra larga.
Era una casa segura, no una fortaleza.
Rosetti lo sabía.
Atacó por tres lados: bosque norte, carretera vieja y entrada de servicio. No venía solo. Traía hombres de Borgia, restos leales a Marco y mercenarios que no preguntaban a quién tenían que matar mientras el pago llegara.
Su objetivo era Luca.
Siempre Luca.
Bianca lo llevó a una habitación subterránea con la madre Celeste y dos guardias.
—No salgas —le dijo.
—¿Aunque escuche disparos?
—Especialmente si escuchas disparos.
—¿Y si tú gritas?
Bianca sintió que la pregunta le abría el pecho.
—Si grito, sigues escondido.
Luca negó con la cabeza.
—No quiero.
Alessandro se arrodilló frente a él, con una venda manchada bajo la camisa.
—Luca.
El niño lo miró.
—Tu mamá me mantuvo vivo porque supo esconderse cuando era necesario. Hoy tú haces lo mismo. No por miedo. Por inteligencia.
Luca respiró rápido.
—¿Vas a cuidarla?
Alessandro miró a Bianca.
—Voy a pelear a su lado.
El niño pareció aceptar esa diferencia.
La batalla empezó arriba.
Elías defendió la entrada principal con cuatro hombres. Alessandro tomó el ala oeste. Bianca se movió por los pasillos interiores, donde conocía mejor las salidas. Aunque era su primera noche en esa villa como adulta, era sangre Serrano. La casa parecía reconocerla.
Los primeros atacantes entraron por la cocina.
Bianca apagó las luces.
Los esperó en la oscuridad.
Cuando uno pasó junto a ella, le cortó el tendón de la pierna. El hombre cayó. Otro giró y disparó. La bala rozó la pared. Bianca le lanzó un cuchillo que se clavó en su hombro. Luego lo golpeó con una sartén de hierro hasta dejarlo inconsciente.
En el ala oeste, Alessandro peleaba con una furia silenciosa. No era solo jefe. Era padre. Cada hombre que entraba era una amenaza para Luca, y Alessandro no dejaba que ninguno cruzara vivo el pasillo.
Rosetti apareció en la biblioteca.
Bianca lo encontró allí, sosteniendo una pistola y una sonrisa.
—La madre del heredero —dijo—. Siempre tan resistente.
—El hombre que sigue intentando comprar niños porque no puede ganarse adultos.
Rosetti disparó.
Bianca se lanzó detrás de un sofá. El disparo rompió una lámpara. Vidrios cayeron sobre su cabello.
Él avanzó.
—Si entregas al niño, puedes vivir.
Bianca rio desde el suelo.
—Todos me ofrecen vivir después de intentar matarme. Qué falta de imaginación.
Salió por el costado y disparó. La bala rozó la oreja de Rosetti. Él retrocedió, sangrando.
—Perra.
—Madre.
Se lanzó contra él.
Ambos cayeron contra la mesa. Rosetti era fuerte, brutal. Le golpeó el costado herido y Bianca perdió el aire. Él la sujetó del cuello.
—Tu hijo será educado por gente que entiende el poder.
Bianca le clavó la navaja en el antebrazo.
—Mi hijo ya entiende algo mejor.
Rosetti gritó.
—Nadie lo posee.
Alessandro entró justo entonces.
Vio a Rosetti encima de Bianca y perdió cualquier resto de control.
Lo arrancó de ella y lo estrelló contra la biblioteca. Rosetti intentó disparar, pero Alessandro le rompió la mano contra la pared. El hueso sonó seco.
Bianca se levantó, tosiendo.
—Déjalo vivo.
Alessandro respiraba como un animal.
—Por qué.
—Porque vivo revela quién más viene por Luca.
Rosetti, sangrando, empezó a reír.
—Demasiado tarde.
Bianca se giró.
Desde abajo llegó un grito.
Madre Celeste.
Luca.
Bianca corrió.
Y esta vez, el miedo llegó primero.
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