PARTE 4
La heredera Armandi
La fiscal abrió la carpeta Armandi delante de todos.
No era espectáculo gratuito.
Era protección pública.
Mientras más ojos vieran la verdad, más difícil sería enterrarla.
—Elena Armandi desapareció hace dieciocho años —dijo—. Su padre, Lorenzo Armandi, murió en un accidente de carretera. Su madre, Valeria Armandi, murió horas después en hospital privado. La niña fue declarada desaparecida y luego presumida muerta.
Elena escuchaba como si hablaran de otra persona.
Una niña rica.
Una familia antigua.
Un apellido que había visto en edificios, periódicos y marcas de lujo.
Armandi.
No Cruz.
La fiscal continuó:
—El chofer de la familia, Víctor Salas, desapareció el mismo día con acceso a la ruta del vehículo y a documentos privados.
Víctor gritó:
—¡Yo la salvé!
Nicolás lo miró.
—De quién?
Víctor cerró la boca.
Elena notó eso.
—De quién? —repitió ella.
Víctor tembló.
Bruno intentó hablar.
—Papá, no—
Nicolás giró hacia Bruno.
—Tú vas después.
La fiscal mostró otra prueba.
Un video antiguo de peaje.
El coche de los Armandi antes del accidente.
Detrás, una camioneta negra.
Matrícula parcial.
Registrada años después a una empresa del Hotel Imperial.
Julián Montes, el dueño del hotel, se puso rígido.
Elena lo miró.
—Usted conocía a mis padres.
Julián negó.
—No.
La pantalla del sótano se encendió.
Nicolás había preparado más de lo que dijo.
Apareció una grabación vieja.
Lorenzo Armandi discutiendo con Julián Montes en un despacho.
“Si sigues usando mis hoteles para subastas privadas, te destruyo.”
Julián respondía:
“Entonces no llegues a la reunión de mañana.”
Elena sintió frío.
—Mis padres no murieron por accidente.
Nicolás no respondió.
No hacía falta.
Víctor empezó a llorar.
—Yo no los maté. Yo solo debía sacar a la niña.
Elena caminó hacia él.
El abrigo de Nicolás seguía sobre sus hombros.
—¿Me robaste después de ver morir a mis padres?
—Me pagaron.
La palabra cayó como un golpe.
—¿Cuánto?
Víctor no contestó.
Nicolás dejó un papel frente a él.
Transferencia: 300.000 dólares.
Elena cerró los ojos.
Su infancia entera.
Su hambre.
Sus turnos dobles.
Sus golpes.
Su apellido falso.
Todo por 300.000 dólares.
Cuando abrió los ojos, ya no parecía asustada.
Parecía peligrosa.
—Nicolás.
Él la miró.
Era la primera vez que ella decía su nombre.
—Sí?
Elena miró a Julián, a Víctor, a Bruno y a los compradores.
—Quiero que todos paguen.
Nicolás sostuvo su mirada.
—Entonces empezamos por sacarte de aquí viva.
—No.
Ella levantó la barbilla.
—Empezamos cerrando la subasta.
Nicolás sonrió lentamente.
—Ahora sí pareces Armandi.
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