PARTE 5
La elección falsa
La trampa estaba diseñada para destruirlos emocionalmente antes que físicamente.
Un cable conectado a la silla de Mateo.
Un mecanismo en la puerta.
Un temporizador.
Una cámara en la esquina.
Marcela quería mirar.
Quería ver a Alejandro elegir.
Valentina sostuvo el rostro de su hijo.
—Escúchame. No te muevas.
Mateo asintió, temblando.
Alejandro revisó el dispositivo.
—No es tan complejo como parece.
—¿Puedes abrirlo?
—Sí, pero necesito tiempo.
—Tienes cuatro minutos.
—Gracias por el resumen.
Ella casi habría sonreído en otra vida.
Mateo miró a Alejandro.
—¿Tú eres mi papá?
La pregunta cayó en el peor lugar posible.
Alejandro se quedó quieto.
Valentina respondió primero:
—Es Alejandro.
El niño entendió.
No preguntó más.
Eso dolió más.
Alejandro volvió al dispositivo.
—Mateo, necesito que respires despacio.
—Mamá dice eso cuando hay miedo.
—Tu mamá tiene razón.
—Siempre.
Valentina cerró los ojos.
El altavoz hizo un ruido.
Marcela:
—Qué tierno. La familia reunida en una bomba.
Valentina miró a la cámara.
—Cuando salga, voy a romperte cada mentira con mis manos.
—Si sales.
Alejandro encontró el cable principal.
—Hay dos circuitos. Uno es falso.
—¿Cuál?
—Estoy pensando.
—Piensa rápido.
Mateo susurró:
—Mamá, si explota…
—No va a explotar.
—Pero si explota…
Valentina le tomó la cara.
—No.
—Tengo que decir algo.
Ella tragó saliva.
—Dilo.
—No quiero que te mueras otra vez.
Alejandro cerró los ojos un segundo.
Luego cortó el cable.
El temporizador se detuvo.
Tres segundos de silencio.
Valentina abrazó a Mateo.
Alejandro soltó el aire.
Pero la puerta no se abrió.
Marcela volvió a hablar:
—Bien. Pasaron la primera prueba.
Valentina levantó el arma hacia la cámara y disparó.
La pantalla explotó.
—Estoy cansada de pruebas.
Alejandro encontró un mecanismo manual junto a la puerta. Lo abrió.
Salieron al pasillo.
Pero Marcela ya no estaba en la mansión.
Había escapado por el túnel viejo hacia el garaje privado.
Bianca tampoco estaba arriba.
Y Mauro, el jefe de seguridad herido, había desaparecido.
Valentina entendió.
—No se fueron juntos.
Alejandro la miró.
—¿Qué?
—Marcela no confía en Bianca. Bianca no confía en Marcela. Y Mauro vende a quien pague más.
Mateo se aferró a ella.
—¿Entonces?
Valentina cargó a su hijo.
—Entonces se van a traicionar antes de que tengamos que matarlos.
Alejandro miró al niño en brazos de ella.
—Déjame ayudar.
Valentina sostuvo su mirada.
—Puedes empezar caminando detrás.
Él asintió.
—Está bien.
No discutió.
Eso fue nuevo.
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