PARTE 4
El niño de los ojos Alcázar
Mateo no lloró cuando vio entrar a Miranda.
Eso fue lo que más miedo le dio a Clara, la enfermera que cuidó de Elena durante cinco años.
El niño se escondió detrás del sofá, abrazando su coche de juguete.
Miranda entró con dos hombres.
Elegante incluso en medio del secuestro.
—Hola, Mateo —dijo con una sonrisa falsa—. Vengo a llevarte con tu papá.
El niño la miró.
—Mi mamá dice que los desconocidos que sonríen mucho son peligrosos.
La sonrisa de Miranda desapareció.
Clara intentó ponerse delante.
Uno de los hombres la golpeó contra la pared.
Mateo gritó.
Miranda se inclinó hacia él.
—Tu madre ha causado muchos problemas.
—Mi mamá no causa problemas. Los arregla.
—Qué tierno.
El niño apretó el coche.
—¿Mi papá es malo?
Miranda se quedó quieta.
Esa pregunta la irritó más de lo que esperaba.
—Tu papá es poderoso. Eso es mejor que ser bueno.
—Mi mamá dice que no.
Miranda levantó la mano para abofetearlo.
La puerta de la casa explotó hacia dentro.
Elena entró primero.
No Leonardo.
Elena.
Tenía la pistola en ambas manos y una mirada que Miranda jamás había visto en la mujer que una vez engañó.
—Toca a mi hijo y te abro la mano.
Miranda retrocedió.
Leonardo apareció detrás de Elena con dos guardaespaldas.
Al ver a Mateo, se quedó inmóvil.
El niño lo miró.
Leonardo vio sus propios ojos en el rostro pequeño.
Todo el aire abandonó su pecho.
—Mateo…
El niño no se acercó.
Se escondió más detrás del sofá.
—Mamá.
Elena bajó el arma apenas.
—Estoy aquí.
Uno de los hombres de Miranda intentó disparar.
Leonardo fue más rápido.
Lo derribó de un tiro en la pierna.
El segundo atacó a Elena por un costado. Ella esquivó, le golpeó la garganta con la culata y lo empujó contra una mesa. El golpe abrió una herida sobre su ceja. La sangre cayó sobre el suelo.
Miranda aprovechó el caos y corrió hacia la salida trasera.
Elena quiso seguirla, pero Mateo salió de su escondite y corrió hacia ella.
—Mamá!
Elena lo abrazó tan fuerte que casi se rompió por dentro.
Leonardo se quedó de pie, a unos pasos.
No se atrevió a acercarse.
Mateo lo miró desde los brazos de Elena.
—¿Tú eres mi papá?
Leonardo sintió que esa pregunta era más cruel que cualquier acusación.
—Sí —susurró.
Elena lo miró de inmediato.
—No tienes derecho a responder eso todavía.
Leonardo bajó la cabeza.
—Tienes razón.
Mateo frunció el ceño.
—Mamá dijo que mi papá no sabía mirar.
El silencio cayó sobre la habitación.
Leonardo cerró los ojos.
—Tu mamá tiene razón.
El niño lo observó.
—¿Vas a aprender?
Leonardo abrió los ojos.
No miró a Elena.
Miró a su hijo.
—Si me dejas intentarlo.
Mateo no respondió.
Se aferró al cuello de Elena.
Clara, herida pero consciente, habló desde el suelo:
—Miranda se llevó la copia del informe médico.
Elena respiró hondo.
Leonardo preguntó:
—¿Qué informe?
Elena sostuvo a Mateo.
—El que prueba que tu madre ordenó mi desaparición mientras yo estaba embarazada.
Leonardo se volvió hacia la puerta abierta.
Miranda había escapado.
Beatriz también.
Y ahora tenían lo único que podía destruirlas… o darles ventaja.
Elena tomó a Mateo en brazos.
—Esta vez no voy a esconderme.
Leonardo la miró.
—¿Qué vas a hacer?
Ella respondió sin temblar:
—Entrar a tu casa.
👉 [Haz clic aquí para leer la siguiente parte] 👈