PARTE 5
El patrón de su padre
Alma volvió al taller y encontró una caja antigua abierta.
No recordaba haberla tocado.
Dentro había patrones de su padre, recortes viejos, cartas, agujas especiales y una libreta cubierta de polvo.
En la primera página estaba escrito:
Para Alma, cuando el hilo empiece a mentir.
Se le heló la sangre.
Su padre sabía.
O había sabido algo parecido.
Pasó páginas con manos temblorosas.
Había dibujos de trajes Valenti.
Nombres.
Fechas.
Bordados.
Un símbolo repetido: una rosa negra atravesada por una aguja.
Luego encontró una carta.
“Si alguna vez la familia Valenti vuelve a pedir un bordado dorado para una boda, no confíes en la novia. No confíes en Enzo. El veneno entra por la tela y la traición por la sangre.”
Enzo Valenti.
Tío de Lorenzo.
Hermano menor del padre muerto.
Alma recordó haberlo visto en la mansión: un hombre sonriente, elegante, con ojos de serpiente cansada.
Siguió leyendo.
Su padre había sido sastre de la familia Valenti años atrás. Descubrió una conspiración parecida contra el padre de Lorenzo, pero no pudo evitar su muerte. Lo acusaron de traición. Por eso la familia Serrano perdió protección y cayó en pobreza.
Alma no solo estaba cosiendo una boda.
Estaba tocando la herida que destruyó a su familia.
En el fondo de la caja encontró algo más.
Un botón negro con el escudo Valenti.
Dentro, un microdispositivo antiguo.
No sabía si funcionaba.
Doña Clara lo llevó a un técnico conocido.
Había una grabación incompleta.
La voz de su padre:
“Enzo quiere el puerto. Los Orsini quieren la sangre. Si me pasa algo, busca el patrón del traje de boda. El veneno deja marca en oro.”
Alma sintió que el pasado y el presente se cerraban sobre ella.
Esa noche recibió una llamada.
—¿Ya terminaste el traje? —preguntó la voz de Bianca.
—Casi.
—Bien. Tu hermano quiere saludarte.
Mateo habló con voz débil:
—Alma, no lo hagas.
Ella lloró en silencio.
—Voy a sacarte.
Bianca volvió al teléfono.
—No, costurera. Vas a coser. Y mañana, cuando Lorenzo caiga muerto, todos sabrán que tus manos lo hicieron.
Alma miró la libreta de su padre.
No podía salvar a Mateo y callar.
No podía salvar a Lorenzo y obedecer.
Así que eligió una tercera cosa:
hacer que todos miraran.
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