PARTE 10
La abuela de la tumba
Victoria Vieri estaba encerrada en el sótano de la villa.
No parecía prisionera.
Incluso sentada en una silla, con la pierna vendada y las manos esposadas, conservaba esa elegancia fría de las mujeres que creen que el mundo siempre terminará obedeciéndolas.
Bianca entró primero.
Alessandro, pálido pero de pie, entró detrás.
Victoria sonrió.
—Mi hijo siempre tuvo mal gusto para las mujeres.
Bianca se acercó y la abofeteó.
El golpe fue seco.
Victoria giró el rostro lentamente.
—Vulgar.
Bianca respondió:
—Viva.
Alessandro no intervino.
—Querías hablar con Luca —dijo él.
Victoria miró a su hijo.
—Es mi nieto.
Bianca rio.
—Qué palabra tan cómoda para alguien que quiso matarlo antes de nacer.
Victoria se inclinó un poco.
—Si hubiera querido matarlo, estaría muerto.
Alessandro apretó los puños.
—Cuidado.
—No me amenaces como si no hubiera enseñado a caminar al niño que fuiste.
—Ese niño murió cuando disparaste contra mí.
Victoria sonrió apenas.
—No. Ese niño murió cuando te casaste con una Serrano.
Bianca dio un paso.
—Habla claro.
Victoria la miró.
—Tu padre tenía más poder del que admitía. Ernesto Serrano no era solo dueño del puerto. Era el guardián de los registros de sangre de tres familias. Con tu hijo vivo, Luca puede reclamar no solo el puerto sur, sino también los votos ocultos de Serrano, Vieri y una parte del consejo Borgia.
Alessandro se quedó helado.
—Eso es imposible.
—No. Es antiguo.
Victoria respiró hondo.
—Por eso Irina lo quería. Por eso Marco lo necesitaba. Por eso Rosetti financió la emboscada. Y por eso, aunque me odien, deberían escucharme.
Bianca la miró con asco.
—¿Ahora quieres protegerlo?
—Quiero controlar el daño.
—No es lo mismo.
—En nuestro mundo, suele serlo.
La puerta se abrió de golpe.
Luca estaba allí.
Nadie lo había llamado.
El niño miró a Victoria.
—Tú eres la señora que quería que yo no naciera.
Bianca corrió hacia él.
—Luca, sal.
Pero él no se movió.
Victoria lo observó con una intensidad extraña.
—Tienes los ojos de mi hijo.
Luca apretó la cadena de oro.
—Y la navaja de mi mamá.
Victoria soltó una risa pequeña.
—Interesante.
Bianca se puso delante de él.
—No lo mires como si fuera una herramienta.
Victoria levantó los ojos hacia ella.
—Eso dependerá de si ustedes lo crían como niño o como heredero.
Alessandro respondió:
—Como hijo.
Victoria lo miró.
—Entonces prepárate para enterrarlo. Porque los demás no serán tan sentimentales.
El disparo llegó desde fuera.
Atravesó la ventana pequeña del sótano.
La bala golpeó la pared junto a Luca.
Bianca lo tiró al suelo y lo cubrió con su cuerpo.
Alessandro se lanzó hacia la ventana, disparando de vuelta.
Elías gritó desde arriba:
—¡Ataque en el perímetro!
Victoria sonrió desde la silla.
—Rosetti no está muerto.
Bianca levantó la mirada.
—No.
Sacó su navaja.
—Pero alguien va a estarlo antes del amanecer.
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