PARTE 6
El prometido falso
Sergio Vidal lloró antes de que lo tocaran.
Eso decepcionó a Dante.
—Ni siquiera tuve que hacer una pregunta —dijo.
Valentina estaba al otro lado de la mesa, con un traje negro ahora. Se había cambiado el blanco de la boda porque no quería seguir vestida de blanco para escuchar mentiras.
Sergio tenía las manos atadas con bridas, pero no estaba golpeado.
Dante no necesitaba sangre para empezar.
Valentina sí necesitaba verdad.
—¿Por qué fuiste a buscar a Nicolás? —preguntó ella.
Sergio tragó saliva.
—Arturo me dijo que lo llevara a un lugar seguro.
—No mientas mal. Me ofende más que la traición.
Él lloró.
—Querían usarlo para obligarte a firmar una cesión total después de la boda.
Valentina sintió un frío antiguo.
—¿Quiénes?
—Arturo. Héctor. Camila sabía parte. Yo… yo debía convencerte de que Dante era peligroso.
Dante levantó una ceja.
—Eso no requería mucha creatividad.
Valentina no lo miró.
—¿Y después de los noventa días?
Sergio bajó la cabeza.
—No habría noventa días.
Silencio.
—Dilo —ordenó ella.
—Te matarían durante la noche de bodas. O en el traslado. O en el garaje. La culpa sería de Dante. Sus enemigos atacarían. La empresa caería en manos del consejo. Yo asumiría la dirección financiera y luego…
—Luego te casarías con Camila?
Sergio no respondió.
Valentina soltó una risa seca.
—Claro.
Dante miró a Sergio con desprecio elegante.
—Cambiar a una CEO por una jefa de comunicación. Ambición mediocre.
Sergio intentó defenderse.
—Yo la amaba.
Valentina se levantó.
Caminó hasta él.
Le dio una bofetada.
No fuerte por rabia.
Fuerte por precisión.
—Eso fue por usar una palabra que no conoces.
Sergio lloró más.
—Tengo pruebas. Audios. Mensajes. Camila guardó todo en un servidor externo.
Valentina se inclinó.
—Dónde?
—En la Fundación Moretti.
La fundación benéfica de su familia.
La que Camila dirigía.
La que supuestamente protegía a niños sin recursos.
Valentina sintió náuseas.
—¿Qué más hay ahí?
Sergio miró a Dante.
—No solo documentos.
Dante dejó de sonreír.
—Explícate.
—Hay contratos con familias. Deudas. Adopciones falsas. Niños usados como garantía en negocios de Arturo.
Valentina golpeó la mesa.
—Mi fundación?
Sergio tembló.
—Tu padre empezó la fundación limpia. Arturo la convirtió en otra cosa después de su muerte.
Dante observó a Valentina.
La vio cambiar.
No en llanto.
En amenaza.
—Vamos —dijo ella.
Dante asintió.
—A la fundación.
Sergio gritó:
—Si Camila sabe que van, borrará todo.
Valentina lo miró.
—Entonces llegaremos antes de que termine de llorar.
Dante abrió la puerta.
Sus hombres esperaban.
Valentina caminó delante.
Por primera vez, Dante no la guió.
La siguió.
Y eso, en su mundo, significaba respeto.
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