PARTE 2
La deuda de siete años
Siete años antes, Nicolás Santoro no era todavía el jefe.
Era el hijo mayor del hombre más temido de la costa y el hermano desesperado de una niña de trece años llamada Bianca.
Una noche, Bianca desapareció de un coche blindado después de una emboscada. La ciudad entera buscó en silencio porque cuando la familia Santoro perdía algo, incluso la policía caminaba con cuidado.
Elena tenía quince años entonces.
Trabajaba limpiando mesas en una cafetería de barrio. Salía tarde, caminaba rápido y sabía que en ciertas calles no se debía mirar demasiado.
Pero esa noche oyó un golpe detrás de una farmacia.
Una niña estaba escondida entre cajas, con la ropa rota y sangre en la frente.
—No me entregues —susurró.
Elena no preguntó a quién.
Le quitó su chaqueta, la cubrió y la metió en el almacén de la cafetería.
Cinco minutos después, dos hombres entraron preguntando por una niña.
Elena señaló la calle contraria.
—Corrió hacia el puente.
Los hombres se fueron.
La niña temblaba.
—Mi hermano vendrá.
—Entonces dile que venga rápido —respondió Elena—. Yo salgo de trabajar en diez minutos y no sé pelear.
Bianca sobrevivió.
Nicolás llegó demasiado tarde para ver a Elena.
Solo encontró la chaqueta de camarera y una cámara de seguridad donde se veía a la chica que salvó a su hermana.
Durante siete años, buscó su nombre.
Pero Elena Cruz no existía bien.
Sus documentos eran raros.
Su partida de nacimiento tenía errores.
Su tutor cambiaba direcciones.
Su historial escolar desaparecía en partes.
Nicolás investigó porque debía una vida.
Descubrió más.
Elena no era huérfana.
Había sido robada.
La verdadera Elena Armandi desapareció con cuatro años después de un accidente automovilístico donde murieron sus padres. El caso se cerró como tragedia. Pero no hubo cuerpo de la niña.
Víctor Salas, antiguo chofer de la familia Armandi, desapareció del mapa ese mismo mes.
Años después apareció con una niña llamada Elena Cruz.
Nicolás armó el rompecabezas.
Pero Víctor se escondía bien.
Hasta que cometió un error:
vendió a Elena en una subasta clandestina para pagar una deuda.
Y esa subasta usaba canales que pasaban por territorio Santoro.
Nicolás recibió la invitación a las 21:03.
A las 22:00 ya sabía que el lote era Elena.
A las 23:30 compró a tres informantes.
A las 00:00 cerró todas las salidas del hotel.
A las 00:17 entró en el sótano.
No para vengarse.
No todavía.
Primero tenía que sacarla viva.
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