PARTE 3
El primer hombre que intentó tocarla
El subastador cerró la carpeta con manos temblorosas.
—Señor Santoro, esto es una operación privada. Hay compradores importantes.
Nicolás miró alrededor.
—Los veo.
Uno de los compradores, un empresario con máscara plateada, se levantó.
—Yo ya hice una oferta.
Nicolás lo miró.
—Entonces retire la mano antes de que pierda la costumbre de levantarla.
El hombre se sentó.
Elena apretó el abrigo sobre su pecho.
No entendía si estaba siendo rescatada o trasladada de una jaula a otra.
Nicolás pareció leerle el pensamiento.
—No tienes que venir conmigo si no quieres.
Víctor Salas soltó una risa nerviosa.
—Ella viene conmigo. Es mi hijastra.
Nicolás giró hacia él.
—Tú eres el hombre que la robó.
—La crié.
—La escondiste.
—Le di techo.
—Le diste un nombre falso y una pulsera de deuda.
Bruno, el hermanastro, intentó retroceder hacia la salida lateral.
Dos hombres de Santoro bloquearon la puerta.
Nicolás no levantó la voz.
—Nadie se va.
Julián Montes, dueño del hotel, habló desde la barra:
—Está cometiendo un error. Aquí hay gente protegida por jueces.
Nicolás sonrió.
—Traje fiscales.
Julián perdió el color.
Las puertas del fondo se abrieron.
Entraron dos mujeres con trajes oscuros, acompañadas por agentes de investigación financiera.
No policías comprados.
Otros.
De los que venían con cámaras propias y órdenes ya firmadas.
El subastador intentó correr.
Uno de los guardias de la subasta tomó a Elena del brazo.
Fue el primer hombre que cometió ese error después de que Nicolás entrara.
Elena sintió sus dedos apretándole la piel.
Nicolás lo vio.
Todo el salón lo vio cambiar.
No gritó.
No corrió.
Solo dio dos pasos.
Tomó la muñeca del guardia y la torció hasta que el hombre cayó de rodillas con un grito.
—Ella no es una cuerda —dijo Nicolás—. No se tira de ella.
El guardia soltó.
Elena retrocedió.
Nicolás no la tocó.
—Estás bien?
Ella sostuvo su mirada.
—No lo sé.
Él asintió.
—Respuesta honesta.
La fiscal subió al escenario.
—Elena Cruz, tenemos una orden de protección a su favor.
Elena soltó una risa seca.
—Qué rápido llega la ley cuando viene con mafia.
Nicolás casi sonrió.
—También me pasa.
Víctor gritó:
—¡Ella me debe todo!
Elena lo miró por primera vez.
—No.
La voz le tembló.
Pero salió.
—Te debo miedo. Y ya no quiero pagarlo.
El salón quedó en silencio.
Nicolás se hizo a un lado.
No habló por ella.
Le dejó espacio.
Y eso fue lo que Elena recordaría después.
El mafia boss no la rescató como objeto.
Le devolvió el centro del escenario.
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