PARTE 5
La novia sin apellido
Rebeca perdió la compostura.
—¡Tú no puedes hacerme esto! ¡Soy tu familia!
Camila caminó hacia ella.
—La familia no toma el collar de tu madre muerta para casarse con el hombre que te condenó.
Rebeca se tocó el collar.
Por primera vez, pareció avergonzada.
No por culpa.
Por exposición.
—Yo también era una Torres —dijo—. Pero siempre eras tú. La favorita. La heredera. La buena. La que todos miraban.
Camila la observó.
—¿Por eso me encerraste seis años?
Rebeca lloró con rabia.
—Tú lo tenías todo.
—Y tú decidiste que si no podías tenerlo, podías quemarlo.
Adrián intentó tomar la mano de Camila.
Ella lo apartó.
—No.
—Yo te amaba.
La frase cayó ridícula en medio de la sala.
Camila lo miró como se mira una mancha vieja.
—Tú amabas mi apellido. Mi padre. Mis acciones. Mi lugar en la mesa.
—No es verdad.
—Entonces dime una cosa. Cuando me llevaron esposada, ¿por qué no viniste a verme ni una sola vez?
Adrián no respondió.
—Porque ya estabas ocupado aprendiendo a amar a mi reemplazo.
Rebeca levantó la barbilla.
—Él me eligió.
Camila sonrió.
—No. Él eligió la puerta que creía abierta hacia mi fortuna.
La pantalla mostró transferencias.
Empresas pantalla.
Venta de activos.
Acciones desviadas.
Contratos firmados durante el juicio.
Cada número era una puñalada con recibo.
Los invitados empezaron a entender que no estaban viendo una escena emocional.
Estaban presenciando una demolición legal.
Camila miró a Rebeca.
—Ese vestido fue pagado con dinero robado.
Miró a Adrián.
—Ese hotel fue reservado con dinero robado.
Miró a Clara.
—Ese apellido que tanto protegen está a punto de aparecer en cada periódico junto a la palabra conspiración.
Clara perdió la paciencia.
—¿Qué quieres? ¿Dinero? ¿Disculpas?
Camila se quedó quieta.
—Quiero seis años.
Silencio.
—Quiero cada amanecer que vi desde una celda. Quiero cada carta que Adrián devolvió sin abrir. Quiero cada cumpleaños de mi padre en coma. Quiero cada noche en que me desperté oliendo humo.
Sus ojos se llenaron de lágrimas, pero no cayeron.
—Como no pueden devolverme eso, me conformo con quitarles todo lo que compraron con mi condena.
En ese momento, la policía entró.
No la seguridad privada.
Policía real.
Fiscalía.
Medios.
Cámaras.
Camila no se movió.
Rebeca cayó de rodillas.
—Camila, por favor.
Camila la miró por última vez.
—Yo también supliqué cuando me condenaron.
Pausa.
—Tú sonreíste.
👉 [Haz clic aquí para leer la siguiente parte] 👈