Durante Tres Años Fingí Ser Mi Hermana Gemela Para Casarme Con El Heredero Fenton… Pero El Día Que Me Fui, Él Descubrió Que Nunca Me Conoció – PARTE 1

Elise Jensen fue abandonada en un pueblo cuando era niña, pero la noche antes de la boda de su hermana gemela, su familia volvió a buscarla.
Durante tres años fingió ser Sylvia Jensen, esposa de Cyrus Fenton, soportando humillaciones, castigos y el regreso de la mujer que él amaba.
Pero cuando por fin recibió los treinta millones prometidos y desapareció, Cyrus descubrió demasiado tarde que la mujer silenciosa que cuidó de él nunca fue Sylvia… sino Elise.

PART 1

Elise Jensen preparó la cena como si aquella noche realmente mereciera celebrarse.

Puso la mesa para dos.

Encendió una luz cálida sobre el comedor.

Sirvió caldo, verduras, pescado al vapor y un pequeño pastel que ella misma había comprado esa tarde.

Era su tercer aniversario de boda.

También era el último.

Cyrus Fenton no volvería a casa.

Ella lo sabía.

Como lo había sabido tantas veces antes.

Y aun así, por costumbre, por disciplina o quizá por la necesidad de cerrar correctamente una mentira de tres años, Elise preparó la cena.

— Feliz aniversario, señora Fenton —susurró para sí misma.

La frase sonó vacía.

Porque ella nunca había sido realmente la señora Fenton.

La verdadera elegida era Sylvia Jensen.

Su hermana gemela.

La hija que la familia Jensen presentaba con orgullo.

La hija de vestidos caros, fiestas de cumpleaños, clases de piano, viajes y fotografías familiares.

Elise, en cambio, era la hija que mandaron al pueblo cuando tenía cinco años.

Durante años vivió en Greendale con una niñera que le daba comida fría, ropa usada y el mínimo cuidado necesario para que no muriera.

Su madre casi nunca llamaba.

Su padre nunca visitaba.

Cuando Elise enfermó con fiebre alta a los nueve años, llamó llorando a su madre.

— Mamá, me duele mucho. Tengo frío.

La respuesta fue un tono cortante.

— No hagas drama. Tu hermana tiene clase de baile.

Luego colgó.

Elise sobrevivió porque una vecina la encontró inconsciente y llamó al médico.

El doctor dijo que diez minutos más tarde habría sido demasiado tarde.

Los Jensen nunca preguntaron.

Hasta que Sylvia huyó.

Tres años atrás, la familia Fenton y la familia Jensen anunciaron un matrimonio arreglado que sacudió a la élite de la ciudad.

Cyrus Fenton, heredero de Fenton Group, se casaría con Sylvia Jensen.

El matrimonio consolidaría negocios, inversiones y poder.

Pero la noche antes de la boda, Sylvia dejó una carta.

Papá, mamá, no quiero estar atrapada por un matrimonio. Sé que es mi deber, pero denme tres años de libertad. Después volveré.

La familia Jensen entró en pánico.

No podían cancelar la boda.

No podían ofender a los Fenton.

No podían permitir que el acuerdo empresarial se rompiera.

Entonces recordaron a Elise.

La hija abandonada.

La gemela idéntica.

La pieza de repuesto.

Cuando Elise llegó a la mansión Jensen, su madre arrugó la nariz.

— Huele a pueblo. Llévenla a bañar. Que le cambien la ropa antes de enviarla a la mansión Fenton.

Elise no recibió abrazo.

No recibió explicación afectuosa.

Recibió instrucciones.

— Cyrus no ama a Sylvia —dijo su madre—. Ama a Yasmin Palmer, una estudiante que la familia Fenton patrocinó. Pero los Fenton jamás la aceptaron, así que Yasmin se fue al extranjero. Tú solo debes comportarte, fingir ser Sylvia y aguantar tres años. Cuando Sylvia regrese, te daremos treinta millones.

Treinta millones.

Para Elise, no sonaba como codicia.

Sonaba como libertad.

Con ese dinero podía irse lejos.

Abrir una tienda.

Tener una habitación propia.

Comprar ropa nueva sin pedir permiso.

No volver a escuchar que era una carga.

— Entiendo —dijo.

Así comenzó su vida como esposa falsa.

La noche de bodas, Cyrus ni siquiera la miró bien.

— Esta habitación no es para ti —dijo, señalando el dormitorio principal—. Tú dormirás en la habitación de invitados.

Elise asintió.

No había esperado amor.

Pero tampoco imaginó que el desprecio pudiera sentirse tan frío.

Durante los primeros meses, Cyrus viajaba cada semana a Balloras para ver a Yasmin.

Todos lo sabían.

Los sirvientes.

Los amigos.

La élite entera.

Y todos miraban a Elise con lástima o burla.

— La señora Fenton ama tanto a su esposo que soporta cualquier cosa.

Elise nunca los corrigió.

No podía decir la verdad.

No podía gritar:

No soy Sylvia. No soy su esposa real. Solo estoy cumpliendo un contrato.

Así que cocinó.

Limpió.

Aprendió cada detalle de Cyrus.

Que era alérgico a la leche.

Que odiaba el cilantro.

Que tenía el estómago débil.

Que solo bebía café sin azúcar.

Que sus camisas debían estar planchadas sin una sola arruga.

Que no soportaba dormir con luz.

Cada mañana se levantaba antes del amanecer para preparar avena con calabaza, cocida durante tres horas, porque era lo único que su estómago aceptaba sin dolor.

Cyrus empezó a cambiar.

Primero dejó de viajar a Balloras.

Después desapareció la foto de Yasmin de su estudio.

Luego recordó el cumpleaños de Elise.

Le regaló un brazalete.

No era íntimo.

No era amor.

Pero era la primera vez que él parecía verla.

Una noche, entró en su habitación.

No dijo mucho.

Se quedó.

Elise no se engañó.

O intentó no hacerlo.

Pero una parte de ella, esa parte pequeña que había pasado la vida sin ser elegida, quiso creer que tal vez Cyrus había empezado a sentir algo por la mujer que creía Sylvia.

Entonces Yasmin regresó.

Y todo volvió al principio.

Peor que al principio.

Porque esta vez Elise ya sabía lo que se sentía recibir migajas.

Y duele más volver a tener hambre después de probar un poco de calor.

Aquella noche de aniversario, mientras la cena se enfriaba, Cyrus llamó.

Elise contestó.

— Trae productos sanitarios a Nocturne en veinte minutos. Yasmin los necesita.

Elise miró la lluvia golpeando las ventanas.

Nocturne quedaba a cuarenta minutos.

— Está lloviendo mucho.

— Encuentra la manera.

La llamada terminó.

Elise se quedó quieta un segundo.

Luego tomó un abrigo, salió a la tormenta y corrió.

No por amor.

No por celos.

No por Cyrus.

Por un mes más.

Solo un mes más.

Después recibiría los treinta millones.

Después sería libre.

Elise Jensen fue obligada a fingir ser su hermana gemela Sylvia durante tres años para proteger el matrimonio arreglado con Cyrus Fenton. En la mansión Fenton, vivió como una esposa falsa: durmiendo en una habitación de invitados, cuidando cada detalle de Cyrus y soportando que él amara a Yasmin Palmer. Durante un tiempo Cyrus pareció cambiar, pero cuando Yasmin regresó, Elise volvió a ser invisible. Esa noche, en su tercer aniversario, Cyrus la mandó bajo la lluvia a llevarle productos personales a Yasmin.

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