CHAP 5
La alianza que nadie esperaba
Damián quería llamar a la policía inmediatamente.
Clara no.
—Si llamas ahora, Patricia dirá que la memoria fue manipulada. Nicolás desaparecerá documentos. Valeria fingirá no saber nada. Vidal moverá sus piezas. Necesitamos todo.
Damián la miró con una mezcla de sorpresa y respeto.
—Hablas como Ernesto.
—No me insultes.
—Era un cumplido.
—Lo sé.
Eso fue lo peor.
Porque ya empezaba a entender a esa familia lo suficiente para responder antes de sentir.
Clara pasó la noche revisando archivos con Damián. No en confianza. No en paz. Sino en una alianza incómoda entre dos personas que tenían razones distintas para querer la misma guerra.
Ella quería justicia por su padre.
Él quería justicia por Ernesto.
Y, aunque ninguno lo decía, ambos querían entender cómo habían sido tan ciegos.
Los archivos del reloj mostraban pagos, nombres de médicos, transferencias a empresas vinculadas a Horacio Vidal y registros de reuniones secretas.
Pero faltaba la prueba central:
el contrato firmado entre Patricia Arce y Vidal.
Sin eso, podían acusarlos de conspiración.
Con eso, podían destruir todo el acuerdo criminal.
—¿Dónde lo guardarían? —preguntó Clara.
Damián pensó.
—Patricia no guardaría algo así en la mansión. Valeria tampoco.
—¿Nicolás?
—Tiene una oficina privada en el piso cuarenta del Grupo Arce.
Clara cerró la laptop.
—Entonces vamos.
—No puedes entrar allí sin autorización.
Ella levantó una ceja.
—Soy dueña del 70%.
Damián se quedó callado.
—Me gusta recordártelo —dijo Clara.
—Lo he notado.
Fueron al edificio central a las seis de la mañana, antes de que llegara la mayoría del personal. Damián usó su acceso de CEO. Clara usó su nuevo poder legal.
La oficina de Nicolás estaba impecable.
Demasiado.
Nada fuera de lugar.
Nada personal.
Nada que dijera “culpable”.
Clara revisó los cajones.
Damián la observó.
—¿Has hecho esto antes?
—Limpié oficinas durante años. La gente rica cree que si no mira a quien limpia, esa persona tampoco ve.
Abrió un panel bajo la mesa.
—Pero vemos todo.
Dentro había una caja fuerte.
Damián intentó códigos.
Falló.
Clara miró un portarretrato sobre el escritorio. Nicolás aparecía con Patricia y Valeria en una gala. En el marco había una pequeña inscripción:
Familia antes que todo.
Clara escribió la fecha de la gala.
La caja se abrió.
Damián la miró.
—¿Cómo supiste?
—Los hombres arrogantes no usan claves inteligentes. Usan recuerdos donde se sienten importantes.
Dentro encontraron pasaportes, dinero, un arma pequeña y una carpeta azul.
VIDAL — ACUERDO LOGÍSTICO.
Clara la tomó.
Pero antes de abrirla, la puerta de la oficina se cerró detrás de ellos.
Nicolás estaba allí.
Con dos guardias.
—Qué decepción, Damián —dijo—. Dejaste que la camarera te enseñara a robar.
Damián se puso delante de Clara.
Ella lo apartó.
—No hagas eso.
—Tienen armas.
—Y yo tengo la carpeta.
Nicolás sonrió.
—Dámela.
Clara la sostuvo contra el pecho.
—No.
Uno de los guardias avanzó.
Damián lo golpeó primero. La pelea estalló en segundos. Damián no peleaba como un hombre de calle, pero sí como alguien entrenado en defensa personal cara: preciso, controlado, eficiente.
Clara tomó una lámpara del escritorio y la estrelló contra el brazo del segundo guardia. El hombre gritó. Nicolás intentó arrebatarle la carpeta, pero ella lo golpeó con la caja fuerte abierta en la mano.
—Eso es por mi padre —dijo.
Nicolás cayó contra la pared, con sangre en el labio.
Damián lo sujetó por la chaqueta.
—¿Quién mató a Ernesto?
Nicolás escupió.
—Tu madre dio la orden. Valeria consiguió el médico. Yo solo limpié papeles.
Damián lo golpeó contra la pared.
—Era nuestro abuelo.
Nicolás sonrió con crueldad.
—Era un viejo que iba a entregarnos a todos por una secretaria muerta y un contador pobre.
Clara sintió que algo se encendía dentro de ella.
—Mi padre tenía nombre.
Nicolás la miró.
—Y ahora tiene una hija con acciones. Qué conmovedor.
Damián volvió a golpearlo.
—Basta —dijo Clara.
Él la miró.
—Necesitamos que hable.
Clara sacó su teléfono.
—Ya habló.
Había grabado todo.
Nicolás palideció.
Entonces sonó una alarma en el edificio.
Damián miró hacia la puerta.
—Patricia.
Las pantallas del piso se encendieron con un mensaje de seguridad:
EVACUACIÓN POR AMENAZA INTERNA.
No era una amenaza.
Era una limpieza.
Patricia estaba bloqueando el edificio para sacar archivos, controlar cámaras y quizá eliminarlos antes de que salieran.
Damián tomó la carpeta.
—Tenemos que irnos.
Clara miró a Nicolás.
—Él viene.
Nicolás rio.
—No ayudaré.
Clara se acercó.
—No te estoy pidiendo ayuda. Te estoy usando como prueba con piernas.
Por primera vez, Nicolás pareció entender que había subestimado a la esposa falsa.
Y ese error le iba a costar caro.
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