PARTE 11
La confesión junto a la cama
La habitación del hospital era demasiado blanca.
Demasiado silenciosa.
Inés se sentó junto a la cama de Sebastián y tomó su mano vendada.
—Siempre haces las cosas de la peor manera —susurró—. Primero no reconoces a la mujer correcta. Después contratas a la misma mujer como guardaespaldas. Luego finges que no estás celoso. Y ahora te dejas golpear por mí.
Él no respondió.
Inés sintió que las lágrimas le quemaban los ojos.
—Yo también fui cobarde.
Respiró hondo.
—La noche del club fui yo.
La frase salió pequeña.
Pero llenó toda la habitación.
—Entré en la habitación equivocada. Estaba drogada, asustada. Al despertar, huí. Perdí el collar. Valeria lo usó para mentirte. Yo debí decir algo, pero cuando supe que ella estaba en tu casa, pensé que ya era tarde.
Apretó su mano.
—El bebé es tuyo, Sebastián.
Una lágrima cayó sobre la sábana.
—Y aunque no quisieras saberlo, aunque no me eligieras, aunque todo hubiera sido un error, yo iba a tenerlo. Porque mi madre no se rindió conmigo. Y yo no voy a rendirme con él.
Sebastián abrió los ojos.
—Por fin lo dijiste.
Inés se quedó helada.
—¿Estabas despierto?
—Desde “haces las cosas de la peor manera”.
Ella le soltó la mano y le dio un golpe suave en el brazo sano.
—¡Mentiroso!
—Estoy herido.
—Te lo mereces.
—Probablemente.
Bruno apareció en la puerta.
—Yo dije que su actuación era demasiado dramática.
Inés giró.
—¿Todos sabían?
Regina asomó detrás de Bruno.
—Yo solo sospechaba.
Inés se tapó la cara.
Sebastián intentó incorporarse.
—No fue una trampa para humillarte.
—¿Entonces qué fue?
—Tenía miedo de que si entraba exigiendo respuestas volvieras a huir. Necesitaba escucharte sin obligarte.
—Eso sigue sonando a trampa.
—Una trampa emocionalmente torpe.
—Muy torpe.
Él tomó su mano de nuevo, esta vez despacio.
—Inés, no tengo esposa. No tengo prometida. No tengo ninguna mujer en mi vida con derecho a ocupar tu lugar.
—Sofía dice otra cosa.
—Sofía dice muchas cosas. La mayoría serán corregidas por la policía mañana.
Inés lo miró.
—¿Qué harás?
Sebastián sonrió.
No con ternura.
Con peligro.
—Iré a su gala.
—Estás herido.
—Perfecto. Hará más dramática la entrada.
—Sebastián.
—No voy solo. Voy a terminar esto.
Al día siguiente, Valeria confesó que Sofía Del Valle organizó el intento de aborto, pagó la manipulación del club y prometió ayudarla si eliminaba a Inés.
Sofía esperaba a Sebastián en una gala de bienvenida, convencida de que él llegaría como su prometido.
Y Sebastián decidió darle exactamente lo que quería:
una entrada pública.
Pero no el final que esperaba.
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