Durante Tres Años Fingí Ser Mi Hermana Gemela Para Casarme Con El Heredero Fenton… Pero El Día Que Me Fui, Él Descubrió Que Nunca Me Conoció – PARTE 5

PART 5

Cyrus fue a la casa Jensen con Yasmin detrás.

Quería respuestas.

— ¿Dónde está Sylvia? —preguntó.

La madre de Sylvia fingió confusión.

— Aquí está nuestra hija.

Sylvia apareció en la escalera, vestida con lujo y arrogancia.

— Soy Sylvia. ¿Qué pasa?

Cyrus la miró.

El rostro era el mismo.

Pero todo lo demás era distinto.

La mirada.

La voz.

La forma de sostener la taza.

La impaciencia.

La frialdad.

— ¿Quién fue la mujer que se casó conmigo hace tres años?

El silencio respondió antes que nadie.

Un investigador de Cyrus llegó poco después con los documentos.

La verdad era peor de lo esperado.

La familia Jensen tenía dos hijas gemelas.

Sylvia había huido antes de la boda.

Elise, la hija abandonada en Greendale, fue traída de vuelta para reemplazarla.

Durante tres años, Cyrus había estado casado con Elise.

No con Sylvia.

— ¿Dónde está Elise? —preguntó.

El padre de Elise soltó una risa incómoda.

— Esa ingrata tomó los treinta millones y se fue.

Cyrus giró hacia él.

— No la llame ingrata.

— Nosotros la criamos.

— ¿Criaron? —La voz de Cyrus se volvió baja—. La abandonaron en un pueblo a los cinco años. No la visitaron durante veinte. Casi murió de fiebre porque su madre colgó la llamada.

La madre de Elise palideció.

— ¿Cómo sabes…?

El investigador continuó.

— Sylvia recibía fiestas de cumpleaños cada año. Elise no tenía ropa de invierno. Usaba prendas heredadas de vecinos. La niñera se quedaba con parte del dinero que enviaban y le daba comida mínima.

Cyrus escuchó todo sin moverse.

Cada dato era una piedra.

Cada piedra caía sobre su pecho.

La mujer que le preparaba avena a las cinco de la mañana había pasado hambre de niña.

La mujer que soportaba en silencio los insultos de Yasmin había sido tratada como basura por su propia familia.

La mujer que él encerró en un sótano había sobrevivido toda su vida a habitaciones sin amor.

— Encierren a los Jensen en el sótano —ordenó.

La madre gritó.

— ¡Somos sus padres!

Cyrus respondió:

— Entonces deberían saber mejor que nadie lo que le hicieron.

Sylvia bajó corriendo.

— Cyrus, ¿te volviste loco?

Él la miró.

— Todo esto empezó por ti.

Sylvia rió con crueldad.

— No finjas ahora. Tú tampoco la amaste. La pusiste en la habitación de invitados. Trajiste a Yasmin a su casa. La dejaste bajo la lluvia. Ni siquiera notaste cuando se fue.

Cyrus no pudo responder.

Porque era verdad.

— ¿Dónde está?

— Nunca la encontrarás —dijo Sylvia.

Pero sí encontraron una pista.

Elise había comprado un boleto a Northam.

Cyrus tomó el primer vuelo.

Mientras tanto, Elise ya había llegado a una ciudad tranquila donde nadie conocía su pasado.

Abrió una floristería pequeña llamada Vera Sunward.

Vendía flores fáciles de cuidar.

Daba descuentos a clientes nuevos.

Escribía instrucciones en papel para que nadie dejara morir las plantas.

Allí, por primera vez, nadie la llamaba señora Fenton.

Nadie la llamaba Sylvia.

Solo:

— Señorita Jensen.

Un día, un hombre de café oscuro y sonrisa amable entró a comprar girasoles.

— Me llamo Henry Clark. Abrí el café de al lado.

Era guapo.

Cálido.

De esos hombres que no imponen presencia, sino calma.

Elise no sabía que Henry Clark no era un simple dueño de café.

Era heredero de una familia multimillonaria de Northumberland.

Había dejado el mundo empresarial para abrir un café tranquilo.

Y buscaba a una niña de su pasado.

Una niña llamada Elise.

La niña que le enseñó a mirar los girasoles cuando la vida dolía.

Cyrus descubrió que durante tres años no estuvo casado con Sylvia, sino con Elise, la hermana gemela abandonada por los Jensen. También supo todo lo que Elise había sufrido desde niña. Mientras él caía en arrepentimiento, Elise ya había escapado a Northam, donde abrió una pequeña floristería y conoció a Henry Clark, un amable dueño de café que en realidad era heredero de una familia poderosa… y también alguien de su pasado.

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