PARTE 3
La llave oxidada
Lorenzo sacó a Clara del sótano en brazos.
La gala se detuvo cuando subió las escaleras.
Los jueces dejaron de hablar.
Los empresarios dejaron de sonreír.
El director del hotel intentó adelantarse.
—La señorita Molina tuvo una crisis. Estamos manejando la situación.
Clara, débil, levantó la cabeza.
—Me encerraron.
Su hermana Paula salió de entre los invitados.
Traje elegante.
Cabello perfecto.
Rostro de mujer que había aprendido a sobrevivir vendiendo pedazos de verdad.
—Clara, otra vez no…
Lorenzo la miró.
—¿Otra vez?
Paula tragó saliva.
—Mi hermana tiene problemas.
Clara se soltó del brazo de Lorenzo y casi cayó.
—No tengo problemas. Tengo memoria.
El juez Belmonte se levantó.
—Esto es una vergüenza. Señor Vitale, no use a una enferma para atacar instituciones.
Lorenzo sonrió.
—Las instituciones no suelen sudar tanto cuando son inocentes.
Clara levantó la llave oxidada.
—Esta llave abre la Habitación 0.
Varios rostros cambiaron.
Poco.
Pero suficiente.
Paula susurró:
—Dame eso.
Clara retrocedió.
—No.
Lorenzo se colocó a su lado.
No delante.
A su lado.
—¿Dónde está la habitación?
Clara miró hacia el salón.
—No abajo.
El director frunció el ceño.
—¿Qué?
—La puerta del sótano solo era entrada secundaria. La habitación real está detrás del salón de archivos, junto al ascensor de servicio. Cambiaron el acceso después de que yo escapé.
Lorenzo miró a sus hombres.
—Cierren salidas.
El juez Belmonte gritó:
—¡Esto es ilegal!
Lorenzo respondió:
—Entonces llame a la policía.
Nadie llamó.
Eso dijo más que cualquier confesión.
Clara conectó la memoria USB al sistema audiovisual antes de que pudieran detenerla. La pantalla mostró archivos antiguos.
Videos.
La mujer asesinada.
El juez Belmonte.
El director del hotel.
Paula.
Clara dejó de respirar.
—Tú estabas allí.
Paula lloró.
—No sabía que iban a matarla.
—Pero sabías que me encerraron.
Paula no respondió.
El video siguió.
Apareció Marco Vitale, hermano de Lorenzo, entrando al pasillo del hotel diez años antes.
Lorenzo quedó quieto.
Marco hablaba por teléfono:
“Encontré la habitación. Si no salgo, busca a la chica Molina. Ella vio lo mismo que yo.”
Clara se cubrió la boca.
Marco sabía de ella.
Lorenzo miró la pantalla como si acabaran de abrir una tumba.
—Marco…
El video se cortó justo cuando una sombra aparecía detrás de su hermano.
El juez Belmonte intentó irse.
Lorenzo no se movió.
Solo dijo:
—Nadie sale hasta que abramos esa habitación.
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