PARTE 2
El mafia boss que llegó en silencio
Nicolás Santoro no entró gritando.
Eso lo hacía más peligroso.
La clínica se quedó muda cuando apareció.
Traje negro.
Cabello oscuro.
Rostro frío.
Ojos que parecían leer mentiras antes de oírlas.
Su primo, Mauro, habló primero.
—La doctora salvó al hijo de Rivera.
Nicolás miró a Isabel.
—¿Es cierto?
Ella estaba sentada en una camilla, con el hombro vendado y fiebre en los ojos.
—Sí.
—¿Sabía quién era?
—No al principio.
—¿Y después?
—Después ya estaba abierto en mi mesa.
Mauro gritó:
—¡Debió dejarlo morir!
Isabel lo miró.
—Era un niño.
El silencio fue brutal.
Nicolás se acercó.
Isabel no bajó la mirada.
—¿Usted también cree que debí dejarlo morir?
Nicolás tardó en responder.
—No.
Mauro se volvió hacia él.
—Primo—
Nicolás levantó una mano.
Bastó.
Luego se quitó el abrigo y lo puso sobre los hombros de Isabel.
—Nadie toca a esta mujer.
Los hombres se miraron.
Mauro perdió el color.
—Nos traicionó.
Nicolás giró lentamente.
—No. Tú querías que el niño muriera aquí.
Sacó una grabadora.
La voz de Mauro sonó en la clínica:
“Si el hijo de Rivera muere en manos de la doctora, quemamos media ciudad y culpamos a ella.”
Isabel sintió frío.
Ella no había salvado solo a un niño.
Había arruinado el plan de una guerra.
Nicolás miró a Mauro.
—Usaste la vida de un niño como fósforo.
Mauro intentó negar.
Nicolás siguió:
—Y disparaste a la doctora para cerrar la historia.
La clínica quedó en silencio.
Isabel respiró con dolor.
—¿Por qué tenía esa grabación?
Nicolás la miró.
—Porque en mi familia, los ambiciosos hablan cuando creen que ya ganaron.
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