El Mafioso Que Juró No Volver a Amar… Hasta Que Una Chica con Aroma a Lavanda Entró en Su Imperio de Sangre

La ciudad le tenía miedo.
Los hombres bajaban la mirada cuando él aparecía.
Pero nadie imaginó que la única persona capaz de destruir al hombre más peligroso del país… sería una chica inocente cubierta de pintura y olor a lavanda.

 

PARTE 1

La oficina estaba en silencio.

Un silencio pesado.

Oscuro.

El tipo de silencio que hacía sudar a cualquiera.

Sophie Daniels sostuvo la caja de entrega contra su pecho mientras miraba alrededor confundida. Había tomado el ascensor equivocado en aquel edificio de lujo y ahora estaba atrapada en una sala llena de hombres vestidos de negro.

Todos armados.

Todos observándola.

Y en medio de ellos…

él.

Vincent Caruso.

El hombre conocido como El Lobo.

Traje negro.

Mirada fría.

Poder suficiente para hacer desaparecer personas con una sola llamada.

Sophie tragó saliva.

—L-lo siento… creo que me equivoqué de piso…

Nadie respondió.

Entonces Vincent se levantó lentamente.

Cada paso suyo parecía hacer más pequeño el lugar.

Sophie retrocedió.

Pero antes de poder reaccionar, su espalda chocó contra la pared.

Vincent apoyó una mano junto a su cabeza, encerrándola sin tocarla realmente.

Demasiado cerca.

Demasiado peligroso.

Y luego habló.

—Ese perfume…

Su voz grave le hizo temblar las piernas.

—¿Q-qué pasa con él?

Los ojos oscuros de Vincent recorrieron su rostro lentamente.

—Lavanda.

Sophie miró confundida el pequeño frasco barato en su bolso.

—Es solo un perfume común…

Pero para Vincent no era común.

Porque veinte años atrás…

su hermana muerta usaba exactamente el mismo aroma.

Durante un segundo, Vincent dejó de ver a Sophie.

Y volvió a ver a Elena.

Su hermana pequeña riendo junto a la ventana.

Esperándolo cada noche.

Hasta el día en que una familia rival la secuestró y la asesinó para enviarle un mensaje.

Desde entonces, Vincent había enterrado todo sentimiento humano.

Compasión.

Miedo.

Amor.

Todo.

Pero ahora aquella chica desconocida acababa de abrir una herida que llevaba veinte años cerrada.

—¿Tu nombre? —preguntó él.

—Sophie Daniels.

Uno de los hombres de Vincent dio un paso adelante.

—¿La sacamos de aquí, jefe?

Vincent no apartó la mirada de ella.

—Déjenla ir.

Sophie salió rápidamente de la oficina.

Pero el olor a lavanda permaneció allí.

Y Vincent supo inmediatamente que aquello era un problema.

Porque por primera vez en años…

no podía dejar de pensar en alguien.


Los días siguientes intentó ignorarlo.

Fracasó miserablemente.

Terminó investigando toda la vida de Sophie.

Veintiséis años.

Profesora de arte.

Dos trabajos.

Sin familia.

Sin dinero.

Sin conexiones peligrosas.

Completamente inocente.

Exactamente el tipo de persona que jamás debía acercarse a él.

Pero Vincent comenzó a observarla desde lejos.

La veía reír con niños cubiertos de pintura.

Dar comida a vagabundos.

Sonreír incluso cuando parecía agotada.

Y lentamente comenzó a ocurrir algo peor que el deseo.

Comenzó a admirarla.

Una noche la vio caminando sola bajo la lluvia.

Dos hombres la seguían.

Vincent reconoció inmediatamente sus intenciones.

—Detén el auto.

El chofer frenó.

Vincent salió del vehículo mientras los hombres se acercaban a Sophie.

Cuando lo reconocieron, palidecieron.

—Lárguense.

Solo una palabra.

Eso bastó.

Los dos desaparecieron inmediatamente.

Sophie dejó caer sus pinceles del susto.

—¿Estás bien? —preguntó Vincent.

Ella asintió nerviosa.

—Gracias…

Vincent recogió los pinceles mojados del suelo.

—No deberías caminar sola de noche.

Sophie lo observó sorprendida.

—¿Cómo sabes mi nombre?

Una pequeña sonrisa apareció en el rostro del mafioso.

—Me gusta saber cosas.

Ella soltó una pequeña risa.

Y ese sonido golpeó a Vincent más fuerte que cualquier bala.

Porque era real.

Limpio.

Humano.

Algo que él había olvidado hacía mucho tiempo.

—Déjame llevarte a casa —dijo él.

Y Sophie, contra toda lógica…

aceptó.


Después de esa noche comenzaron los encuentros.

Cafés.

Conversaciones largas dentro del auto.

Paseos inesperados.

Sophie nunca preguntaba directamente quién era Vincent.

Pero claramente sospechaba.

—La gente te tiene miedo —comentó una noche.

Vincent miró por la ventana.

—Tal vez deberían.

—Yo no te tengo miedo.

Eso hizo que él girara lentamente hacia ella.

—Deberías tenerlo.

Pero Sophie solo sonrió.

—No creo que seas tan monstruo como quieres aparentar.

Aquellas palabras se quedaron clavadas dentro de él.

Porque nadie había intentado mirar más allá del monstruo.

Nadie excepto ella.

Una noche, Vincent señaló el pequeño perfume de lavanda que Sophie acababa de ponerse.

—¿Por qué siempre usas eso?

La sonrisa de Sophie se volvió triste.

—Era de mi mamá. Murió cuando yo tenía ocho años.

El pecho de Vincent se tensó.

—Lo siento.

—Cuando lo uso… siento que todavía está conmigo.

Hubo silencio.

Luego Sophie preguntó suavemente:

—¿Y tú? ¿Tienes familia?

Vincent bajó la mirada.

—Tenía una hermana.

Y por primera vez en veinte años…

habló de Elena.

Le contó sobre la ventana.

Sobre las risas.

Sobre el secuestro.

Sobre cómo encontró su cuerpo.

Sophie tenía lágrimas en los ojos cuando terminó.

—Eso nunca debió pasarte…

Vincent la observó fijamente.

—Maté a todos los responsables.

Esperó miedo.

Rechazo.

Pero Sophie solo preguntó:

—¿Y eso te devolvió a tu hermana?

El silencio lo destruyó.

Porque nadie jamás le había hecho esa pregunta.

Vincent apartó la mirada lentamente.

—No.

—Entonces solo destruyó otra parte de ti.

Aquellas palabras atravesaron todas las murallas que había construido.

Y por primera vez en años…

Vincent Caruso sintió dolor.

Dolor real.

“‘¿Y matarlos te devolvió a tu hermana?’
Nadie había logrado romper al mafioso más temido de la ciudad… hasta esa simple pregunta.

PARTE 2

Vincent sabía que aquello tenía que terminar.

Porque amar en su mundo significaba morir.

Y alguien lo entendía perfectamente.

Marco Romano.

Su mano derecha.

Su hombre de confianza desde hacía ocho años.

Una noche, Marco dejó varias fotografías sobre el escritorio.

Fotos de Sophie entrando al auto de Vincent.

Sophie riendo con él.

Sophie tomándole la mano.

—Tenemos un problema, jefe.

La voz de Vincent se volvió helada.

—Habla.

—Te estás volviendo vulnerable.

—Nadie la tocará.

Marco negó lentamente.

—Eso mismo creyó tu padre antes de perderlo todo.

La mandíbula de Vincent se tensó.

—¿Qué sugieres?

—Termina esto antes de que alguien la use contra ti.

Vincent sabía que tenía razón.

Pero ya era demasiado tarde.

Porque Sophie se había convertido en la única cosa capaz de hacerlo sentir vivo.

Aquella misma noche decidió decirle toda la verdad.

Fue hasta su apartamento.

Pero algo estaba mal.

La puerta estaba abierta.

Vincent sacó inmediatamente su arma y entró.

Cajones abiertos.

Cosas movidas.

Alguien había estado allí.

Sophie estaba sentada en el sofá llorando mientras sostenía una nota.

Vincent la tomó.

“Tu debilidad será tu muerte.”

El mundo entero se volvió hielo.

—¿Qué significa esto? —preguntó Sophie temblando.

Vincent respiró lentamente.

Y finalmente dijo la verdad.

—Significa que enamorarme de ti puso un objetivo sobre tu espalda.

Los ojos de Sophie se abrieron lentamente.

—¿Enamorarme…?

Él cerró los ojos un segundo.

Ya no podía esconderlo.

—Soy un hombre peligroso, Sophie.

Ella caminó hacia él.

—Lo sé.

—No entiendes lo que hice en mi vida.

—Tal vez no. Pero sé quién eres conmigo.

Vincent sintió un nudo en el pecho.

—Van a intentar usarte para destruirme.

—Entonces protégeme.

—No es tan simple.

Sophie lo miró con lágrimas en los ojos.

—Toda mi vida estuve sola, Vincent… y tú fuiste la primera persona que realmente me eligió.

Él ya no pudo resistirse.

La abrazó con fuerza.

Como si el mundo entero intentara arrebatársela.

Porque así era exactamente.


Tres días después, Sophie desapareció.

Vincent recibió una llamada de Marco.

—La tomaron hace veinte minutos.

El corazón de Vincent dejó de latir.

—¿Dónde está ella?

Silencio.

Y entonces entendió todo.

Marco.

Había sido Marco.

No por odio.

Por lealtad.

Creía que Sophie estaba destruyendo al hombre que debía liderar el imperio.

—Si le haces daño… voy a borrarte de este mundo.

La voz de Vincent ya no parecía humana.


El viejo almacén estaba vacío.

Oscuro.

Frío.

Sophie estaba atada a una silla cuando Vincent llegó.

Tenía miedo.

Pero al verlo entrar, sus ojos cambiaron.

Confianza.

Ella sabía que él vendría.

Marco apareció desde las sombras sosteniendo un arma.

—Esto tenía que hacerse.

—Traicionaste a tu familia.

—Salvé al imperio.

Marco apuntó directamente hacia Sophie.

—Ella te volvió débil.

Vincent dio un paso adelante.

—Ella me volvió humano.

Marco apretó el arma.

—Exactamente por eso debe morir.

Todo ocurrió demasiado rápido.

El disparo explotó en el almacén.

Pero Vincent ya se había movido.

Se lanzó delante de Sophie.

La bala atravesó su pecho.

El dolor lo hizo caer de rodillas.

Aun así disparó.

Marco cayó muerto segundos después.

Sophie gritó desesperadamente mientras corría hacia Vincent.

—¡No! ¡No, por favor!

La sangre cubría las manos de ella.

Vincent apenas podía respirar.

Pero aun así tomó su rostro suavemente.

—Gracias…

—¿Por qué estás diciendo eso? ¡No hables!

Él sonrió débilmente.

—Por recordarme cómo se siente ser humano…

Y entonces cerró los ojos.


FINAL

Vincent despertó tres días después en un hospital privado.

Sophie seguía allí.

Sin dormir.

Tomándole la mano.

Cuando él abrió los ojos, ella comenzó a llorar inmediatamente.

—Casi mueres, idiota…

Vincent sonrió apenas.

—Pero sigo aquí.

Sophie apoyó la frente contra la suya.

—Saltaste frente a una bala por mí.

—Lo haría otra vez.

Ella soltó una risa entre lágrimas.

—Eres imposible.

Hubo silencio.

Luego Vincent miró hacia la ventana.

La ciudad seguía funcionando.

El imperio también.

Pero él ya estaba cansado.

Cansado de sangre.

Cansado de funerales.

Cansado de vivir esperando traiciones.

Entonces habló.

—Voy a irme.

Sophie levantó lentamente la mirada.

—¿Qué?

—Todo esto. El negocio. El poder. Ya no lo quiero.

—La gente como tú no desaparece tan fácil.

Vincent tomó su mano.

—Sí desaparece… cuando encuentra algo que vale más que el poder.

Los ojos de Sophie se llenaron de lágrimas.

—¿Y qué encontraste tú?

Él sonrió suavemente.

—A ti.

Seis meses después vivían lejos de la ciudad.

En una pequeña casa frente al mar.

Sophie pintaba cuadros y enseñaba arte a niños.

Vincent cultivaba lavanda en el jardín.

Algunas noches despertaba sobresaltado, esperando disparos o traiciones.

Pero Sophie siempre tomaba su mano.

—Estás a salvo.

Y lentamente comenzó a creerlo.

Una tarde, mientras el sol caía sobre el océano, Sophie encontró a Vincent mirando el horizonte.

—¿Piensas en tu antigua vida?

Vincent negó lentamente.

—Pienso en Elena.

Sophie apoyó la cabeza en su hombro.

—Estaría orgullosa de ti.

Vincent sonrió tristemente.

—Hice cosas terribles.

—Sí. Pero también tuviste el valor de cambiar.

El viento movió suavemente las flores de lavanda del jardín.

Y por primera vez desde los diecisiete años…

Vincent Caruso sintió paz.

—Te amo —susurró él.

Sophie sonrió mientras apretaba su mano.

—Lo sé.

Y en la pequeña casa silenciosa, lejos de la sangre y del poder, el hombre que una vez fue llamado El Lobo finalmente entendió que incluso los monstruos podían salvarse… cuando alguien decidía amarlos de verdad.

 

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